Últimamente camino dos manzanas para llegar al trabajo todos los días.

Cada día paro delante de la misma cafetería para pedir lo mismo de camino al trabajo. En mi camino de regreso, me detengo en el mismo bar. Si quiero mezclar un poco las cosas, escojo un desvío de doscientos cincuenta metros que me lleva a través de una pequeña plaza ajardinada. Al igual que Sherlock Holmes marcándose un Marie Kondo en su ático cerebral, me las arreglé para eliminar toda la información superflua y devolver lo esencial a esta ciudad. Estos dos bloques son todo lo que necesito: aquí es donde comienza y termina mi mundo.

Pero hace unos años, formaba parte de un mundo más amplio donde viajaba constantemente. Siempre hacía todo lo posible para no depender demasiado de mi inglés. Tal vez fui demasiado lejos, alegaría la mayoría de mis compañeros de viaje. Compraba libros de frases para cada viaje y los llevaba conmigo como un idiota. Sacaba discos con métodos de idiomas de la biblioteca local (aunque confieso que no siempre los acababa escuchando). Incluso tomé clases de árabe antes de hacer una gira por Oriente Medio.

Eso sí, cuando digo que “tomé clases de árabe”… lo hice en el avión hacia mi destino.

De manera sorprendente, no aprendí árabe en un vuelo nocturno a Damasco. Sin embargo lo intenté, e intenté usarlo todo lo que pude.

Me pregunto por qué mis compañeros de viaje no se sentían igual de cómodos con un nuevo idioma.

En pocas palabras: ansiedad hacia un idioma extranjero.

Ansiedad hacia un idioma extranjero: ¿de dónde procede?

Aunque probablemente haya existido durante tanto tiempo como los idiomas y el miedo a pifiarla, la ansiedad idiomática esun tema de investigación relativamente reciente. Elaine Horwitz la estudió por primera vez en 1986, inspirada por una estudiante de francés que comparó a su profesor con un “rayo de la muerte marciano” (a lo que respondió: es bastante común entre los profesores de lenguas extranjeras. A lo que yo respondí: ¿qué?).

Los documentos de Horwitz desglosan la AIE (ansiedad hacia un idioma extranjero) en tres componentes clave:

  1. Miedo a comunicarse: ansiedad al hablar o escuchar a otro individuo.
  2. Miedo a la evaluación negativa : tener miedo de que te juzguen por un error.
  3. Ansiedad hacia los exámenes : un tipo de ansiedad de rendimiento relacionada con el miedo a sacar malas calificaciones o a suspender.

Y lo que descubrieron es que existe una relación entre Ansiedad y Logro: cuanta más AIE sufras, menos probabilidades tendrás de aprender o hablar el idioma con éxito. (Esto puede deberse o no a que te pases toda tu clase imaginando a tu profesor de francés como un rayo de la muerte marciano en lugar de atender mientras explica la diferencia entre Passé compose y Passé antérieur).

Los académicos coinciden en que estas parecen ser las principales fuentes de ansiedad hacia un idioma extranjero: tener miedo de que te malinterpreten es la más importante, seguida del miedo a que se burlen de ti a tus espaldas.

Hay otra causa que encuentro fascinante. Es la idea de que hemos pasado toda nuestra vida adulta moldeando cuidadosamente nuestra propia imagen (lo que en LinkedIn se podría llamar marca personal) y la mayoría de lo que hacemos y decimos habitualmente tiende a reforzarla. Sin embargo, no hablar un idioma con fluidez es un gran obstáculo para presentarte en ese escenario, y muchos hablantes de idiomas extranjeros lo consideran una fuente de estrés, incluso si es de forma inconsciente.

Ejemplo: eres un académico altamente respetado® en tu lugar de origen, pero te invitan a dar una charla TED y temes que tu nivel de inglés no te haga sonar tan inteligente como quieres que la gente piense. O mi “yo recién graduado”, tratando de impresionar a una chica parisina leyendo uno de los poemas de Prevert en francés, y deduciendo a partir de mi mínima comprensión del idioma que era una especie de manifiesto de la libertad espiritual del poeta. Solo para que me digan después que el poema era sobre una mujer y lo obscena que era. Sorprendentemente, esa noche no terminó bien.

¿Qué es lo peor que puede pasar?

(¿Soy yo solo o esta pregunta te pone 10 veces más nervioso?)

La Ansiedad hacia un Idioma Extranjero no es pasarlo mal intentando encontrar las palabras correctas o cometer un error ocasional. Eso es hablar un idioma extranjero. Nos pasa a todos. (Me pasa a mí, incluso hablando mi lengua materna).

Las personas que sufren de AIE lo pasan realmente mal. Los casos extremos pueden provocar temblores incontrolables de manos o piernas cuando se habla en un segundo idioma. Las mentes de algunas personas se quedan completamente en blanco, o se bloquean y no pueden pensar o actuar en absoluto. Otras personas experimentan que su tono de voz disminuye hasta un punto en que es casi inaudible.

También hay otras consecuencias más sutiles. Las personas con AIE tienden a hablar con oraciones más cortas y con menos frecuencia de lo habitual.

Les resulta mucho más difícil aprender el idioma. En sus estudios, Horwitz exploró cómo los que aprenden rápido y los buenos estudiantes en cualquier otro ámbito se convierten en estudiantes deficientes cuando se trata de su “idioma objetivo”.

Un académico estudió las formas en que la AIE crea una espiral contraproducente y cuesta abajo para los estudiantes: sufren de AIE, y por tanto lo pasan mal con el aprendizaje de un idioma. Como reacción instintiva, permanecen más tiempo en silencio en clase. Debido a que permanecen en silencio en clase, su dominio oral empeora cada vez más. Y a medida que disminuye su competencia oral, más sufren de AIE.

¿Tiene arreglo?

La buena noticia es que si padeces ansiedad hacia un idioma extranjero, se puede solucionar.

Hay algunos atajos para aquellas personas que aprenden un segundo idioma formalmente: encuentra un profesor diferente, uno que no te recuerde a un rayo de la muerte marciano y que te inspire a amar el idioma. En un reconocido estudio, Jiang Yan y Jean-Marc Dewaele descubrieron que los grandes maestros pueden sustituir la ansiedad por el placer.

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También puedes hacer un poco de búsqueda espiritual y trata de comprender cuál es la causa principal de tu AIE. Revisa las principales fuentes de ansiedad enumeradas aquí e intenta averiguar cuál de ellas está causando un cortocircuito en tu cerebro.

¿Es un miedo al bajo rendimiento en los exámenes? Elige un método de aprendizaje que no dependa tanto de los exámenes para hacer un seguimiento del progreso, como aconsejan muchos expertos.

¿Eres tan consciente delante de un grupo que no puedes hablar fuerte? Olvídate de las clases numerosas y participa en conversaciones individuales. Reconstruye tu confianza desde ahí y vuelve a las clases si lo deseas (o no te queda otra).

Si no estás tomando clases, y solo buscas consejos sobre cómo perder tu AIE, aquí va:

Voy a decirlo, pero prométeme que no te enfadarás cuando lo haga.

Sé que esto es como decirle a una persona que se tranquilice cuando está enfadada.

Pero en serio.

Si te sientes ansioso y eso está arruinando tu capacidad de comunicarte en tu segundo idioma, tienes que relajarte un poco.

Tomemos el ejemplo ciertamente anecdótico de David Doochin. En el momento en que comiences a darte cuenta de que todos cometemos errores al hablar un segundo idioma, que la mayoría de las personas que te rodean no te juzgarán si lo haces, y que está bien (seguramente sea hasta saludable) no preocuparte por tu imagen de vez en cuando, serás más libre de cara a practicar. Y cuanto más practiques, mejor se te dará.

Mira, el peor de los casos es que aparezcas en un hilo de Twitter medianamente gracioso sobre este tipo de confusión. O que accidentalmente amenaces con ejecutar a algún líder mundial frente a miles de personas.

¿Y cómo de malo podría ser?