Confluencias: Utilizar la inteligencia artificial para estimular la creatividad

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Artwork by Tombalobos

Durante el bombardeo de Guernica en 1937, Picasso se encontraba en París. Estaba trabajando en un mural para el Pabellón Español de la Exposición Internacional de París de ese año cuando se enteró de que la ciudad vasca había sido destruida, lo que le hizo abandonar su idea inicial y basar el mural en el bombardeo.

Picasso trabajó en el Guernica durante 35 días. Comenzó esbozando varios diseños y probó diversos temas para ver cuál representaba mejor la agonía que quería transmitir a través de su obra. Los bocetos, que catalogó minuciosamente con sus respectivas fechas, sentaron las bases del resultado que quería conseguir. Por ejemplo, experimentó con caballos y toros para ver qué animal encajaba mejor en el producto final: una obra maestra de 349 cm x 776 cm que ahora se encuentra en el museo Reina Sofía de Madrid.

Lo que a Picasso le llevó una cantidad de tiempo increíblemente corta, considerando el resultado final, le habría supuesto aún menos trabajo a la inteligencia artificial de nuestros días. Bastaría con proporcionar a un ordenador obras de arte para que las analizase y crease otra pintura a partir de ellas. Lo que resulta más difícil es imaginar qué aspecto tendría el Guernica si hubiera sido creado por un algoritmo en lugar de una persona.

El arte generado por la inteligencia artificial ha adquirido una gran popularidad y podemos encontrarlo en casi cualquier sitio, aunque no siempre nos demos cuenta. La inteligencia artificial ya ha creado cuadros, canciones, capítulos de libros e incluso colecciones de moda. Pero cabe preguntarse si podemos considerarlos el resultado de un proceso creativo o de años de investigación científica.

El origen de la creatividad

La creatividad se presenta en diversas formas y tamaños y se traduce en obras de arte únicas: enormes murales como el Guernica, una impresionante discografía como la colección de canciones de Lennon-McCartney y hasta una obra de arte llamada Marilyn que representa un par de zapatos gigantes hechos de montones de sartenes. A pesar de que la creatividad del ser humano se materializa de innumerables formas, una definición que las engloba a todas podría ser «el uso de la imaginación o de ideas originales para crear algo» o simplemente «inventiva».
Lo que resulta difícil es explicar de dónde vienen estas ideas.

El cerebro todavía es un territorio relativamente desconocido para nosotros y los científicos aún no han descubierto dónde tienen lugar ciertos procesos cognitivos. El pensamiento creativo es uno de ellos. Diversos estudios han vinculado la creatividad a varias partes o procesos del cerebro: la corteza prefrontal, el hemisferio derecho, el hipocampo, el giro temporal superior, la densidad de la materia blanca, la unión temporoparietal, la sincronía alfa o la red neuronal por defecto.

El único consenso al que se ha llegado es que la creatividad requiere el funcionamiento de casi todo el cerebro y no se puede localizar en un punto concreto a través de un escáner.

Pero esto no ha impedido a los investigadores tratar de averiguar de dónde proviene la creatividad. Uno de los recursos más utilizados para este fin es la Prueba de Usos Alternativos, en la que se pide a los participantes que piensen en usos alternativos que podrían dar a objetos comunes, como periódicos o ladrillos. Cuanto más extraña sea la respuesta, por ejemplo, usar un ladrillo como si fuera un ataúd en el entierro de una Barbie, más puntos de creatividad obtiene el participante. Esto plantea dos problemas fundamentales: el primero es reducir la creatividad a algo que se tiene o no, en función de un sistema de puntos que pasa por alto todas las demás formas en que una persona puede mostrar su creatividad. El segundo es vincular la creatividad al pensamiento divergente, es decir, tener una idea tras explorar diversas opciones, cuando el pensamiento convergente podría dar el mismo el resultado.

También se ha intentado establecer conexiones entre la creatividad y otros aspectos de la condición humana. Nancy C. Andreasen, catedrática de Psiquiatría de la Facultad de Medicina de la Universidad de Iowa, lleva décadas estudiando la creatividad, más concretamente su relación con los coeficientes intelectuales altos y, a menudo, con las enfermedades mentales. Uno de sus primeros estudios se centró en el escritor Kurt Vonnegut y en su familia. Vonnegut sufría depresión, al igual que su madre, y a su hijo le diagnosticaron esquizofrenia. Pero la creatividad también era cosa de familia, ya que su padre había sido un inventor de éxito y su hijo escritor, como él. En su estudio, Andreasen ahondó más en esta conexión con otros ejemplos famosos: Virginia Woolf, Ernest Hemingway, Vincent van Gogh, John Berryman, Hart Crane, Mark Rothko, Diane Arbus, Anne Sexton y Arshile Gorky.

Existen otros factores que también dan pie a la creatividad, como el humor o esas ocasiones en las que ni siquiera estamos pensando en un problema y de repente tenemos una revelación. Sean lo que sean, estas características intrínsecamente humanas nos hacen preguntarnos de dónde proviene la creatividad las máquinas, si es que pueden ser creativas.

Dibújame como a uno de tus algoritmos franceses

En octubre de 2018, el retrato de Edmond de Belamy se vendió en una subasta de Christie por 432.500 $. No es demasiado en una industria en la que se venden cuadros por millones de dólares. Lo sorprendente es que ni Edmond de Belamy es una persona real, ni fue un humano quien pintó este retrato. Este cuadro es el resultado de un programa informático que analiza los patrones de un conjunto de obras de arte del siglo XIX y genera una nueva imagen basada en los conocimientos adquiridos.

La tecnología que lo hace funcionar se conoce como RGA (Redes Generativas Antagónicas) y se ha convertido en una de las opciones preferidas para quienes quieren crear arte a través de la inteligencia artificial. Gracias al aprendizaje automático, las RGA analizan un conjunto de muestras para establecer patrones y crear nuevas obras basadas en los conocimientos adquiridos. En este caso, se alimentó a las RGA con retratos y otras obras del siglo XIX. Aprendieron que en el Renacimiento los retratos suelen incluir el busto o un plano de tres cuartos del sujeto. Y aunque es posible que el programa no sepa lo que es un busto, ha visto los suficientes como para poder producir imágenes que sigan las mismas reglas.

Lo mismo ocurre con la música. Los creadores de un programa de inteligencia artificial llamado Aiva (las siglas en inglés de Artista Visual de inteligencia artificial) le enseñaron a componer música clásica. Aprendió «leyendo una gran colección de partituras de los mejores compositores (Mozart, Beethoven o Bach) para crear un modelo matemático de la naturaleza de la música». Aiva utiliza este modelo para crear sus composiciones, entre las que se incluyen un álbum llamado «Genesis» y varias bandas sonoras. Esta inteligencia artificial fue el primer programa en conseguir el estatus de compositor y está registrada en la sociedad de derechos de autor de Francia y Luxemburgo. Esto significa que todo el trabajo de Aiva está protegido por los derechos de autor.

La inteligencia artificial está reinventando incluso la industria de la moda. DeepVogue, una inteligencia artificial desarrollada por DeepBlue Technology, ha ganado este año el segundo premio en el Concurso Internacional de Innovación en Diseño de Moda de China. Al igual que Aiva y que el algoritmo que «pintó» el retrato de Edmond de Belamy, DeepVogue se alimentó de imágenes, temáticas y palabras clave, los estudió y produjo sus diseños originales.

Estos tres ejemplos dejan claro que la IA (inteligencia artificial) no es realmente creativa. Los ordenadores no se sientan a pensar en su próximo disco o novela. Lo que puede hacer por ahora la inteligencia artificial es observar numerosas obras que les muestren los humanos y combinarlas para crear algo nuevo, pasando por miles de opciones diferentes en muy poco tiempo. Es algo que los artistas deberían considerar como una oportunidad más que como una amenaza.

Creatividad aumentada

Probablemente no te acuerdes de Taryn Southern, de la tercera temporada de American Idol. Es normal, pues no pasó del Top 50 y ahora hace cosas mucho más interesantes. Por ejemplo, ha lanzado un álbum con Amper, una inteligencia artificial que compone, produce y toca música. El álbum se llama «I AM AI» (Soy IA) y fue el primero en ser creado en su totalidad por un programa de inteligencia artificial, allá por 2017. A diferencia de otras composiciones musicales «escritas» por algoritmos que después son modificadas o retocadas por humanos, las estructuras de acordes y la instrumentación del álbum colaborativo de Southern son todo obra de Amper. La única información que ella introdujo fue el estilo general y el ritmo que quería para el álbum. Y, por supuesto, es ella quien pone la voz.

Amper se desarrolló con la intención de colaborar con músicos humanos. Como explica Drew Silverstein, compositor de bandas sonoras y cofundador de Amper: «Una de las ideas fundamentales de nuestra empresa es que el futuro de la música vendrá de la mano de la colaboración entre humanos e inteligencia artificial. Queremos que esta experiencia colaborativa nos haga avanzar en el proceso creativo».

Muchos otros comparten la opinión de que al menos parte del futuro del arte reside en la colaboración entre la inteligencia artificial y los seres humanos. Botnik, por ejemplo, es una comunidad en línea de escritores, artistas y desarrolladores que utilizan máquinas para crear obras que se muestran a través del grupo de entretenimiento Botnik Studios. Entre otras muchas cosas, han escrito canciones del estilo de The Strokes con letras compuestas mediante inteligencia artificial.

La inteligencia artificial y el aprendizaje automático ofrecen una gran oportunidad a los artistas: puede aprender de enormes cantidades de datos mucho más rápido que cualquier humano. Después, puede reproducir esos datos y crear obras que nunca se nos hubieran ocurrido de no ser por la inteligencia artificial. En lugar de centrarse en una sola idea creativa, los artistas pueden empezar por comparar muchos resultados distintos.

¿Qué aspecto tendría el Guernica si Picasso hubiera tenido acceso a este tipo de herramientas? ¿Cuántas opciones para el producto final hubiese considerado antes de decidirse por la que hoy conocemos o por algo completamente diferente? A menos que alguien desarrolle una inteligencia artificial que aprenda de los bocetos y otras piezas de Picasso y cree una pintura basada en su trabajo, supongo que nunca lo sabremos.

Lo que sí sabemos es que el elemento humano siempre estará presente. La inteligencia artificial en sí es una creación de los humanos que no existiría ni dispondría de las herramientas necesarias para aprender de no ser por nosotros. Nos libera de una gran carga de trabajo, pero carece de imaginación, pensamiento abstracto y otras características humanas que los científicos consideran fundamentales para la creatividad.

Por ahora, los artistas pueden estar seguros de que las máquinas no se van a despertar de su modo de hibernación por haber tenido una idea brillante. Lo que sin duda pueden hacer es ayudarnos a explorar nuestras propias ideas.

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