En 1986, Whoopi Goldberg declaró en una entrevista a NBC: «Una actriz solo puede interpretar a una mujer. Yo soy actor, así que puedo hacer cualquier tipo de papel».

Avancemos hasta el 2018 y veremos que, en el ámbito angloparlante, la mayor parte de las actrices se denominan a sí mismas «actors» (actores) y no «actresses» (actrices). Como hizo Frances Mcdormand en los Óscar del año pasado cuando pidió a todas las «female actors» (algo así como «mujeres actores») que la apoyasen en el discurso que dio cuando recibió, irónicamente, el premio de la academia a la mejor actriz.

En inglés, los sustantivos que tienen variantes masculina y femenina suelen considerarse inapropiados e incluso sexistas. Los «waiters» y «waitresses» («camareros» y «camareras») ahora se denominan «servers» (que es un sustantivo neutro). Los «stewards» y «stewardesses» (lo que equivaldría a «azafatos» y «azafatas» en español), ahora se denominan «flight attendants» o «asistentes de vuelo». Y los «policemen» y «policewomen» (hombres y mujeres policía), ahora son simplemente «officers» (que podría equivaler a «agentes»).

Esto me resulta muy curioso. Está claro que el lenguaje cambia constantemente. Cada año, se añaden nuevas palabras a los diccionarios: «frenemy», «YOLO», «bromance», «clickbait», «crowdfund», «binge-watch» o «Brexit» con solo algunas de las nuevas incorporaciones a los diccionarios de la lengua inglesa. Sin embargo, estos cambios no parecen atraer la misma atención que los esfuerzos que se hacen por erradicar los sesgos del lenguaje y conseguir que la forma de expresarse sea neutra en lo que respecta al género.

Y, definitivamente, esto no es algo exclusivo de la lengua inglesa.

Por ejemplo, en Portugal (de donde soy, y donde nos encontramos la mayor parte de los miembros del equipo de Unbabel), hemos tenido un debate parecido. El portugués, al igual que el francés, es un idioma con una gran diferenciación entre géneros en el que no existe un género gramatical neutro. Algunas personas han intentado «aliviar las tensiones» entre los géneros reemplazando la letra que hace que una palabra sea femenina o masculina por «x» o «@» (en lugar de «todos», se escribiría «todxs» o «tod@s»). Pero, a pesar de ser opciones más neutras, tienen un aspecto raro y gracioso.

Soy feminista, pero también soy una escritora muy obsesionada con el lenguaje. Así que, después de oír hablar mucho sobre este tema, no era capaz de posicionarme con respecto a esta cuestión.

¿Nuestra forma de expresarnos promueve actitudes sexistas? ¿Debemos hacer un cambio consciente en nuestro modo de hablar? ¿Mejoraría esto el estatus de las mujeres en la sociedad? ¿Merece la pena hacer el esfuerzo?

El escándalo francés

En noviembre de 2017, Francia se vio envuelta en un acalorado debate sobre el futuro de su propio idioma. Se publicó un libro de texto escolar que promovía una versión más inclusiva del francés, lo que hizo que los puristas pusiesen el grito en el cielo.

La Académie Française, la máxima autoridad de Francia en materia lingüística, hizo una declaración furiosa justo después de la publicación del libro. El documento, firmado por los cuarenta miembros de la academia, de los cuales solo cinco son mujeres, describía el texto sobre el género neutro como una «aberración» que ponía al idioma francés en «peligro mortal», y concluía que la «escritura inclusiva» no tenía lugar en los libros de gramática del país.

Pero no todo el mundo estuvo de acuerdo con esa declaración ni con la postura adoptada por la academia con respecto a este asunto a lo largo de los años.

La Académie, fundada en el siglo XVII con el objetivo de «regular y purificar el idioma francés», defiende una postura conservadora en lo que a la lingüística se refiere. Y, sin embargo, según Heather Burnett, investigadora de la Fundación Francesa de la Ciencia, «ninguno de sus miembros es lingüista ni se dedica al estudio sistemático del idioma francés».

Independientemente de su conocimiento de la lengua francesa (principalmente intuitivo), lograron abrir un debate con esa declaración. Provocaron la indignación de feministas y políticos progresistas, quienes defienden que la diferenciación entre géneros del lenguaje promueve el sexismo.

Al igual que ocurre con el español, el francés es un idioma complejo en lo que se refiere al género gramatical, que, a menudo, no tiene nada que ver con el sexo biológico: una «mesa» (o «table», en francés) no es femenina, por mucho que el artículo «la» (« une» en francés) que acompaña a este sustantivo sugiera lo contrario.

Y es un idioma en el que también existen pronombres, sustantivos y adjetivos masculinos y femeninos. La discrepancia de género es especialmente notable cuando se usa un sustantivo en plural. ¿Por qué? Porque en francés, al igual que en español, la forma masculina siempre prevalece sobre la femenina, incluso cuando se hace referencia a una audiencia mixta. Como si solo hubiera hombres en la habitación.

Sin embargo, la pregunta clave aquí es: ¿esta estructura del lenguaje promueve el sexismo, como algunas personas sugieren? Y si cambiáramos la forma de expresarnos, ¿se produciría un cambio en la sociedad? ¿O debería ser al revés?

Should language be more gender neutral?

No todos los idiomas son iguales

En primer lugar, debemos entender que cada idioma es diferente. Y nadie mejor que Helena Moniz, lingüista e investigadora de la Universidad de Lisboa, para explicar esta cuestión.

Lo primero que Helena me dijo cuando hablamos de este tema fue que no todos los idiomas eran iguales y que evolucionaban en diferentes direcciones. «Hace mucho tiempo que las lenguas derivadas del latín perdieron su género gramatical neutro».

Está claro que los idiomas evolucionan con el tiempo. Y lo mismo ocurre con el género gramatical.

Las lenguas romances, como el francés, el portugués o el español, por ejemplo, han terminado perdiendo el género gramatical neutro derivado del latín. Por otro lado, idiomas como el finlandés han mantenido el género gramatical neutro: la palabra «hän» en finlandés es neutra y significa tanto «ella» como «él». Y el inglés. El inglés antiguo tenía tres géneros gramaticales: masculino, femenino y neutro.

Pero, ¿significa esto que existe una mayor igualdad de género en países y culturas donde el idioma es más neutro? ¿Hay menos discriminación por razón de género en Finlandia que en Francia? Bueno, no necesariamente.

Las estadísticas sobre desigualdad de género llaman la atención. Como explica Saadia Zahidi, jefa de Iniciativas de Educación, Género y Empleo en el Foro Económico: «Si el ritmo de cambio que se ha producido en los últimos 12 años se mantiene en el futuro, aún se tardará otros 100 años en eliminar las desigualdades de género».

Pero, dejando a un lado el tiempo que puede tardarse en alcanzar este objetivo, en ciertos países, las desigualdades no son tan grandes como en otros. Uno de ellos es, precisamente, Finlandia. Según el informe Global Gender Gap Report de 2017, Finlandia es el tercer país con mayor igualdad de género del mundo. Realmente impresionante. Y, sin embargo, Francia ocupa el puesto número 11. Y Portugal, el 33.

Sin embargo, países como Turquía o Hungría, cuyos idiomas son más neutros en cuanto al género, se encuentran mucho más abajo en la lista. Hungría ocupa el puesto 103, ¿y Turquía? Bueno, Turquía está en la posición 131 de un total de 144 países.

¿Promueve el lenguaje actitudes sexistas?

Quizá no sea suficiente con cambiar la forma de hablar. Pero, ¿tiene alguna importancia? ¿O es irrelevante?

La cuestión es que la mayoría de los que abogan porque se utilice un lenguaje más neutro en cuanto al género piensan que algunos rasgos lingüísticos promueven actitudes sexistas. Pero, según Heather Burnett, de la Fundación Francesa de la Ciencia, no es tan sencillo:

«Creo que es importante distinguir entre el lenguaje y sus expresiones, y la forma en la que los hablantes lo utilizan. Por ejemplo, en Francia, como en muchos otros lugares del mundo, hay personas sexistas a las que, seguramente, el idioma francés les ofrece numerosas opciones para poder expresar ese punto de vista. Pero el francés también ofrece muchas alternativas inclusivas en cuanto al género a aquellos que creen en la igualdad entre hombres y mujeres. Así que no creo que el lenguaje en sí fomente las actitudes sexistas».

Sin embargo, tal y como explica Heather Burnett, cambiar la forma de hablar no es en absoluto irrelevante.

«Lo que está claro es que el lenguaje específico que cada uno de nosotros utiliza sirve para transmitir información y, si se modifica, aunque sea solo un poco, cambiará ligeramente el mensaje que se reciba. Y también existen motivos para creer que pequeños cambios en la información pueden afectar a aspectos no lingüísticos del mundo».

Un buen ejemplo de ello son las ofertas de empleo.

Se han hecho muchos estudios que han demostrado que, si escribes un anuncio de trabajo en inglés con un pronombre masculino o utilizas palabras asociadas con estereotipos masculinos, recibirás menos candidaturas de mujeres.

Should language be more gender neutral?

¿Cómo puede conseguirse que el lenguaje sea más neutro en cuanto al género?

Por estos motivos, no está de más examinar de una forma más detenida cómo hablamos, cómo escribimos y cómo nos comunicamos en general. Pero, ¿qué sucede cuando el idioma que hablas no te permite ser neutro con respecto al género, o más inclusivo? ¿Cómo puede cambiarse el lenguaje? ¿Debería imponerse ese cambio a los demás?

Para responder a estas preguntas, probablemente debamos fijarnos en cómo cambia el lenguaje con el tiempo.

Ya he mencionado esto anteriormente, pero el inglés (al menos el inglés antiguo) tenía tres géneros gramaticales. Sin embargo, en algún momento entre los siglos XIII y XIV, el sistema gramatical cambió.

¿Y por qué ocurrió esto? ¿Tuvo algo que ver con la igualdad de género? Probablemente no.

Según Anne Curzan, profesora de Inglés, Lingüística y Educación de la Universidad de Michigan y autora de un libro titulado «Gender shifts in the history of English» (los cambios de género en la historia del idioma inglés), son muchos los factores que han contribuido a que el inglés haya perdido sus géneros gramaticales, pero hay uno que es particularmente importante, y es el contacto con otros idiomas.

Durante la Edad Media, el inglés tuvo contacto con otras lenguas, como el nórdico antiguo, que tenía unas estructuras gramaticales diferentes. Así que, probablemente, estos idiomas contribuyesen a la pérdida del género gramatical.

Este es un magnífico ejemplo de cómo pueden hacerse cambios sutiles en el lenguaje de forma gradual sin que la mayoría de nosotros nos demos cuenta. Y esos cambios suelen ser muy eficaces.

Pero lo más curioso es lo que sucede cuando imponemos cambios en el lenguaje de forma consciente. Cuando alguien (o un grupo de personas) te dice cómo debes hablar, cómo debes escribir y cómo debes comunicarte en tu propio idioma. Eso, según Anne Curzan, de la Universidad de Míchigan, es muy, muy complicado de conseguir:

«La mayor parte de las veces, los cambios conscientes en el lenguaje son muy difíciles de imponer. Como hablantes, tendemos a no seguir las reglas que se nos imponen. Por lo tanto, si nos dicen que dejemos de usar una palabra o que la usemos de manera diferente, nos cuesta mucho hacerlo».  

Pero eso no significa que nunca haya ocurrido. Es improbable, pero no imposible. Y Anne Curzan nos ofrece un buen ejemplo de un cambio consciente que se hizo en el idioma inglés vinculado al movimiento de liberación de las mujeres de la década de los 70.

Durante los años 60 y 70, surgió una segunda ola de feminismo en Estados Unidos que llevó a muchas mujeres a las calles para manifestar sus protestas y exigir la igualdad de derechos. Entre ellas, la periodista y feminista Gloria Steinem, la escritora y activista feminista Betty Friedan, Sandra Hayden, Mary King y muchas otras.

Sin embargo, lo más interesante es que este movimiento social exigió también un cambio en el lenguaje relacionado con el uso del pronombre «he» (él) genérico, como explica Anne Curzan:

«Durante doscientos años, nos dijeron que, en inglés, debíamos utilizar el pronombre “él” para hablar acerca de una persona genérica. Esto ha sido así desde finales del siglo XVIII hasta los 80. Nos decían que era gramaticalmente correcto decir, por ejemplo, que un “teacher” (“profesor” o “profesora” en español, ya que es un sustantivo neutro en inglés) tenía que aprenderse el nombre de “his” (equivale al pronombre “sus”, pero para referirse al género masculino) alumnos. Y, en la década de los 70, muchas feministas señalaron que era sexista actuar como si la persona genérica fuera masculina, y que el pronombre “he” no vale para todo el mundo. Así que se hizo un esfuerzo consciente para cambiar esa construcción».

El resultado fue que, en los siguientes 30 años, se aconsejó que se utilizase «he/she» (él/ella), ya que era más inclusivo. Y lo sorprendente es que funcionó. ¿Por qué? Porque formaba parte de un movimiento social. Se hizo un llamamiento para cambiar el lenguaje con la finalidad de conseguir que se produjesen cambios sociales muy importantes.

¿Debemos presionar para que se instaure un lenguaje más neutral en cuanto al género?

Esto me llevó a darme cuenta de que el lenguaje neutral en lo relativo al género no es un asunto que afecte únicamente a las mujeres. Como me dijo Helena Moniz, no todo el mundo se siente cómodo cuando se utiliza un lenguaje más inclusivo para las mujeres y se ignora al resto de las personas: «Es posible que mucha gente no se sienta cómoda con el sistema binario. Todos los seres humanos deben sentirse cómodos con lo que son».

Y es por eso por lo que algunos angloparlantes están presionando para que se utilice el pronombre neutro «they» (que significa «ellos») en singular y se permita que cada persona elija su propio pronombre personal.

Por ejemplo, en la Universidad de Míchigan, donde Anne Curzan da clases, los estudiantes pueden elegir el pronombre personal que prefieran al matricularse en las clases.

Pero esto no es algo nuevo. Como explica Anne Curzan, «se ha utilizado “they” en singular durante cientos de años como un pronombre neutro genérico. Sin embargo, en los últimos años, ha habido un auténtico movimiento para intentar que se utilice este pronombre en singular como una opción neutra para aquellos que no encajan en el sistema binario.

Porque, al final, todo es cuestión de respeto: «Yo creo que hay que respetar el pronombre que cada uno elija. Si una persona desea que se refieran a ella con el pronombre “they”, es totalmente respetable».

No obstante, el problema es que, cuando debatimos acerca del lenguaje, casi siempre hablamos también de otras cosas. Y, de hecho, el género gramatical es un tema muy polémico, ya que combina las inquietudes lingüísticas con la preocupaciones relativas al género existentes en la sociedad.

A algunas personas, cambiar el lenguaje puede parecerles intrascendente. Pero, como dice Anne Curzan:

«Nadie dice que solo haya que cambiar el lenguaje. Es necesario que las mujeres reciban también la misma remuneración y puedan acceder a todas las oportunidades en igualdad de condiciones. Pero, ¿no podríamos cambiar el lenguaje para que fuese más inclusivo, como parte de ese mismo esfuerzo? Porque sabemos que, si se habla de otra manera, también cambia el mensaje que se recibe. Así que, si se utiliza el pronombre “they” en singular, que incluye a cualquier persona, para hablar sobre el próximo presidente(a) de Estados Unidos y lo que podría hacer, se deja la puerta abierta a que cualquier persona pueda ser la siguiente en presidir el país. Mi mensaje no implica que supongo que esa persona vaya a ser un hombre. Así que lo que escucha la gente es diferente. ¿Eso cambia el mundo? Yo creo que, en cierta forma, sí lo hace, porque cambia el mensaje que recibe la gente». 

En definitiva, el lenguaje refleja quiénes somos. Podemos ver el mundo en blanco y negro, o aprender a vivir con toda la escala de grises que hay entre una y otra opción.