En una ciudad futurista muy, muy lejana, vive una sociedad utópica de ciudadanos ricos que llevan una vida despreocupada, ajenos a los trabajadores que viven bajo tierra y manejan las máquinas que controlan la ciudad que se encuentra encima. Un día, el hijo del fundador de la ciudad y autor intelectual de la maquinaria subterránea se enamora de una obrera y decide ayudarla a ella y a los trabajadores a luchar por una vida mejor. El padre, que teme perder su poder, busca la ayuda de un científico loco y construye un robot que se parece a la chica de la que se ha enamorado su hijo con el objetivo de que le ayude a desencadenar la revolución de la clase obrera mediante la incitación al caos en toda la ciudad para así poder aplicar medidas de represión contra ellos.

Este podría ser el argumento de una película contemporánea de ciencia ficción, pero en realidad es la historia que se cuenta en Metrópolis, una película de 1927 que supuso el debut en pantalla de la IA. En esta película muda alemana, aparecía un robot humanoide que estaba programado para llevar a cabo los planes malvados de sus dos creadores.

Desde entonces, la IA ha sido un tema recurrente en películas y programas de televisión, pero su presencia en el mundo de la ficción se remonta aún más atrás.

Según el informe de narraciones sobre la IA de The Royal Society, la primera mención conocida de algo que se parece remotamente a la IA puede encontrarse en la Ilíada de Homero. En dicha obra, Hefesto, el dios del fuego y la fragua, fabricaba «ayudantes de oro que parecían seres humanos vivos». A este dios también se le atribuye la creación de Talos, una máquina gigante de bronce que protegía las costas de Creta de los ataques de invasores.

En los siglos posteriores, surgieron más historias de máquinas inteligentes que describían caballeros vivos de cobre que custodiaban puertas secretas o cabezas insolentes que podían responder cualquier pregunta que los humanos les hiciesen. Si bien las creaciones de Hefesto eran más o menos beneficiosas para las personas, estas historias más recientes a menudo terminaban mal, ya sea porque la IA se destruía o volvía locos a los humanos, o incluso porque estos llegaban a morir asesinados a manos de sus propias creaciones.

Da igual cuánto se retroceda en la historia, las narraciones, tanto las más antiguas como las más recientes, son siempre muy similares. El tema de la rebelión de las máquinas contra los humanos se ha recreado una y otra vez en películas, como 2001: Odisea en el espacio o Terminator.

El informe de la Royal Society señala otros temas comunes en las narraciones relacionadas con la IA. Existe una tendencia a antropomorfizar la IA en una variedad de formas, ya sea representando a los personajes como versiones metálicas de humanos, como C-3PO de Star Wars o el robot de Metrópolis, atribuyéndoles cuerpos humanos de un género determinado en lugar de utilizar figuras andróginas, como Ava de Ex Machina (del 2014) o los anfitriones robóticos de Westworld, o haciendo que los robots muestren pequeños rasgos humanos reconocibles, como Wall-E y EVA.

La robot María de Metrópolis (1927)

Esta encarnación de la IA no solo facilita la representación de estos personajes en los medios visuales y permite que los actores humanos asuman esos roles, sino que también ayuda a que los espectadores se identifiquen con ellos.

Otro elemento común en las narraciones relacionadas con la IA es la visualización de un futuro utópico o distópico en el que las máquinas han dominado a los humanos o representan su única oportunidad de supervivencia. Por último, no existe una representación de los distintos tipos de IA que existen en la vida real, y la ficción se centra principalmente en los tipos de IA con los que los humanos son capaces de establecer una conexión. Pensemos de nuevo en Ava, de Ex Machina, o en la voz de Scarlett Johansson en Her.

A pesar de que las películas y los programas de televisión son ficción, influyen en la percepción que tiene el público de las tecnologías relacionadas con la IA. A menos que trabajes en este sector o estés realmente interesado en el tema, es mucho más probable que termines en el cine una lluviosa tarde de sábado y veas una película de ficción con un nombre pegadizo o un actor principal atractivo a que leas algo sobre las últimas investigaciones en aprendizaje automático y algoritmos de reconocimiento facial.

No obstante, estas representaciones suelen estar alejadas de la realidad de las tecnologías relacionadas con la IA. El informe de la Royal Academy explica:

Las expectativas y los temores exagerados sobre la IA, así como el énfasis excesivo en las representaciones humanoides, pueden afectar a la confianza e influir en las percepciones del público. Pueden dar lugar a debates desinformados que afecten de forma significativa a la investigación, la financiación, la regulación y la acogida de la IA.

Pero no hay que olvidar que esto es ficción, y que su objetivo fundamental es entretener al público, y no ser una fuente fiable de información. No obstante, si lees activamente las secciones de tecnología, ciencia o negocios de tu medio de comunicación favorito, probablemente busques información precisa y objetiva sobre el tema. Y aquí es donde se complica el asunto, ya que los puntos de vista y los temas predominantes que se tratan en la ciencia ficción también aparecen a menudo en textos no ficticios.

Noticias falsas

En un estudio sobre las tendencias a largo plazo en la percepción pública de la IA llevado a cabo por Ethan Fast y Eric Horvitz, se analizaron artículos y menciones de la IA en el New York Times durante un periodo de 30 años. Según los resultados obtenidos, se ha incrementado el número de contenidos relacionados con la IA desde el 2009 y, además, estos tienden a tener un tono más optimista. Sin embargo, la inquietud sobre ciertos aspectos relacionados con la IA ha aumentado.

Hace un par de años, un equipo de investigadores de la unidad de Investigación en Inteligencia Artificial de Facebook publicó un artículo sobre los bots que estaban desarrollando, que eran capaces de simular diálogos parecidos a negociaciones. Aunque normalmente intercambiaban frases coherentes, a veces decían cosas sin sentido.

Los investigadores de Facebook pronto se dieron cuenta de que los bots estaban generando frases que se encontraban fuera de los parámetros del inglés conversacional y que no habían incluido en el software, lo cual había conducido al desarrollo de un lenguaje máquina-inglés que los bots habían comenzado a utilizar para comunicarse entre sí. La comunidad de investigadores en IA consideró este hallazgo bastante interesante, aunque no necesariamente innovador.

Según informó The Guardian , Fast Company se hizo eco de la historia y volvió a contarla con el siguiente título:«La IA inventa idiomas que los humanos no pueden entender. ¿Deberíamos impedirlo?». The Sun también publicó unartículo sobre este asunto en el que decían que «los expertos consideraban que el incidente era interesante, aunque también muy preocupante». Otros titulares, como «Los ingenieros de Facebook son presa del pánico y echan el freno a sus investigaciones sobre IA tras detectar que los bots habían comenzado a desarrollar su propio lenguaje» o «El proyecto sobre robots con inteligencia artificial de Facebook se cancela tras detectarse que estos habían comenzado a comunicarse entre sí en su propio idioma» se centran en la falsa afirmación de que la investigación se canceló debido a que los bots habían desarrollado su propio lenguaje no humano. La realidad es que este proyecto se canceló debido a que los investigadores estaban interesados en desarrollar bots que pudiesen negociar con las personas, y los resultados no fueron los esperados.

La mayoría de las informaciones sobre el experimento de Facebook contaban la historia desde un punto de vista que inducía al miedo, de forma semejante a las historias ficticias, que hablan sobre los peligros de las máquinas con inteligencia artificial y las presentan como seres que tienen como único objetivo lograr el exterminio total de la humanidad. Sin embargo, los expertos coinciden en que no parece plausible que los peligros más inminentes de la IA procedan de una supuesta superinteligencia ni de que las máquinas se vuelvan más inteligentes que los humanos a corto plazo.

Por eso consideran que es necesario que se produzca un cambio en la cobertura que dan los medios a los asuntos relacionados con la IA. Zachary Lipton, profesor adjunto del Departamento de Aprendizaje Automático de la Universidad Carnegie Mellon, habló con The Guardian en relación con los bots utilizados por Facebook, y afirmó que existía una tendencia a transformar los hallazgos de las investigaciones en «basura sensacionalista». Él, por su parte, contribuye a que esto no suceda mediante un blog en el que trata de «contrarrestar y deconstruir algunas de las noticias sensacionalistas relacionadas con la IA que generan más perjuicios».

Esta desconexión entre la realidad de las tecnologías relacionadas con la IA y la forma en la que se retratan por los medios, tanto en las narraciones ficticias como no ficticias, también se aborda en el informe sobre narraciones de la Royal Society. Al igual que Lipton, la Royal Society lleva tiempo tratando de cambiar el debate público sobre la IA por otro más informado. En 2016 y 2017, organizó el primer debate público sobre traducción automática en el Reino Unido. Reunió a investigadores y a grupos demográficamente diversos en un esfuerzo no solo por ofrecer información precisa a las personas, sino también por entender mejor qué tipo de preguntas tienen y hacer más atractiva la comunicación de la IA.

La realidad supera a la ficción

Según la Royal Society, las consecuencias de un público mal informado van más allá del miedo inculcado y poco realista a que la IA genere un apocalipsis. El falso temor que genera un futuro distópico puede contribuir a que el debate público se oriente hacia cuestiones que no constituyen un problema real, como puede ser la dominación de los robots, y se desvíe la atención de amenazas que sí están presentes, como pueden ser los problemas de privacidad que plantean los algoritmos de reconocimiento facial o la perpetuación de las desigualdades de género y la discriminación como consecuencia del aprendizaje automático de algoritmos tendenciosos. Y no solo eso, sino que los falsos temores infundidos en la sociedad también pueden provocar una sobrerregulación que ponga freno a la innovación en ciertos sectores, como la investigación sobre el desarrollo de algoritmos más justos, y conduzca a una falta de financiación.

Lipton está de acuerdo en que la gente tiene miedo de cosas que no suponen ninguna amenaza y no de los problemas reales, y no solo el público en general, sino también los políticos y los responsables de la toma de decisiones.

Hay políticos que se reúnen formalmente para debatir acerca de los derechos de los robots, cuando de lo que realmente deberían hablar es de la discriminación en la toma de decisiones algorítmicas. Pero se trata de un problema mundano y aburrido que no suele interesar a la gente.

En el extremo opuesto, la esperanza de que se produzca un futuro distópico en el que las máquinas, por ejemplo, liberen a los humanos del trabajo, pueden crear falsas esperanzas en torno a las aplicaciones tecnológicas de la IA. El no cumplimiento de dichas expectativas podría conducir a una merma en la confianza del público no solo en la IA, sino también en sus investigadores, que resultarían menos creíbles.

En las narraciones ficticias, estos temas, delicados y complejos, son más difíciles de convertir en una historia que enganche, por lo que suelen dejarse de lado.

Pero las narraciones ficticias también tienen su parte positiva. Más allá del entretenimiento inmediato que ofrecen, son capaces de llamar nuestra atención sobre temas que, de otra forma, nunca llegaríamos a considerar. Sin embargo, esto no significa que debamos aceptar sin más todo lo que vemos en las películas o leemos en las noticias. Todos nosotros debemos hacer un esfuerzo colectivo y buscar más información de fuentes variadas y creíbles, así como mantenernos informados de los avances tecnológicos relacionados con la IA. Si las máquinas llegasen a rebelarse algún día, es posible que ese conocimiento nos permitiese salir con vida.