El vestido: ¿es negro y azul o blanco y dorado?

En febrero de 2015, esta era la gran pregunta. Cecilia Bleasdale fue quien publicó la foto original en Facebook, y rápidamente se convirtió en objeto de debate entre sus amigas, que no se ponían de acuerdo sobre cuál era realmente el color del vestido. Más tarde, la compartió con sus seguidores de Tumblr, lo cual provocó que la polémica se hiciese viral. En un solo día, el vestido apareció en todas las redes sociales, y su color se sometió a votación en innumerables chats grupales, una búsqueda en pos de la verdad que provocó rupturas de amistades y serios conflictos familiares. La tienda que vendía el vestido, Roman Originals, confirmó posteriormente que el vestido, obviamente, era negro y azul.

La historia del vestido es solo uno de los millones de memes que circulan por internet. Muchos de ellos nunca salen de los canales de internet en los que se originan, pero los que lo hacen, pueden llegar a ser tan populares que se conviertan en parte de nuestro contexto cultural o que incluso ayuden a definirlo.

De hecho, el biólogo evolutivo Richard Dawkins señaló en 1976 que existía una analogía entre los términos «meme» y «gen». Definió los memes como unidades de transmisión cultural, del mismo modo que los genes son unidades que transmiten el material genético que define el color de nuestros ojos o que determina la sensación que tenemos de que el cilantro sabe a jabón.

En aquella época, los memes incluían «la evolución de las tendencias en moda y alimentación, ceremonias y costumbres, arte y arquitectura e ingeniería y tecnología en una época determinada». Sin embargo, hoy en día, los memes de internet pueden ser cualquier cosa, desde una foto de un animal (preferiblemente un gato) hasta una canción o una frase de un personaje real o ficticio, y se envían de una persona a otra en un periodo de tiempo mucho más corto. Por inocentes que puedan parecer (normalmente se comparten porque a la gente le parecen graciosos), afectan sin querer a nuestras vidas, sobre todo a nuestra forma de hablar y escribir.

Menudo vocabulario, ¡guau!

Dos de los memes más famosos de internet en el mundo angloparlante son « doge » y « lolcat».

El meme «doge» consiste en una foto de un shiba inu que mira de reojo y con desconfianza en la que se incluyen una o varias frases adjetivales cortas (por ejemplo, «wow, such rain, much winter», que en español sería algo así como «guau, cómo llueve, qué invernal») escritas en Comic Sans de colores llamativos. Por su parte, los memes «lolcat» consisten en fotos graciosas de gatos acompañadas de un texto escrito en un inglés incorrecto, también conocido como «lolspeak».

En ambos casos, no es necesariamente la imagen lo que hace que el meme sea gracioso (aunque en algunas de las fotos aparecen gatos en situaciones muy raras), sino más bien el uso que se hace del idioma. Tanto es así, que este tipo de lenguaje ha cobrado vida propia, independientemente de los memes.

Un análisis lingüístico de «lolspeak» del 2011 muestra cómo los comentarios de los memes de gatos escritos en foros de internet evolucionaron hasta convertirse en algo independiente. Las personas que interactuaban con el meme y hacían comentarios sobre él a otros miembros de la misma comunidad digital empezaron a hablar en «lolspeak» incluso cuando no se referían a las fotos de los gatos. Los usuarios comenzaron a publicar letras de canciones o parodias de películas y obras de teatro adaptadas a «lolspeak», y se sorprendían gratamente al ver que otros usuarios también hablaban de esa forma. Se formó una comunidad en la que los miembros de los foros no recibían respuestas a sus comentarios o preguntas a menos que los escribiesen en «lolspeak», cosa que terminaban haciendo.

El fenómeno se denomina acomodación lingüística, y consiste en que un hablante modifica su modo de hablar característico y copia a los que interactúan con él para que le entiendan y le acepten mejor. Adoptamos el lenguaje de los memes de la misma forma que lo hacemos con las referencias de la cultura pop, incluso aunque no sepamos su contexto u origen exactos. Y no es algo que ocurra exclusivamente en internet, ya que hay gente que se refiere a los perros como «doggos» y a la comida como «noms», o que felicita a un amigo por haber ascendido con un «wow, such performance, much raise» (algo así como «guau, menudo logro, qué mejora» en español).

Aparte de «doge» y «lolcat», hay otros memes que han salido de internet y se han incorporado a nuestro léxico colectivo. Hoy en día, en el mundo angloparlante, llamar a alguien «grumpy cat» («gato gruñón» en español) es una forma aceptable de dar a entender que esa persona siempre está enfadada o de mal humor, «Karen» se ha convertido en el nombre con el que se denomina a todas aquellas mujeres desagradables que se creen con más derechos que nadie y siempre exigen hablar con el encargado, y ya no se está «lonely» (solo), sino «forever alone» (solo para siempre).

Sin embargo, los memes constituyen solo una pequeña parte de internet, y la forma de hablar que se utiliza en este medio, su lenguaje, va mucho más allá de ellos.

Comunicación en internet

Existen una serie de elementos que conforman la forma de hablar o jerga que se utiliza en internet desde el nacimiento de la web. Se cree que fue a principios de los 80, en Calgary, cuando Wayne Pearson utilizó el acrónimo LOL en internet por primera vez, en una conversación que mantenía con un amigo en una sala de chat. En 1990, alguien escribió LMAO mientras jugaba a Dungeons & Dragons en internet. Según el Oxford English Dictionary, la primera aparición de OMG en internet fue en 1994, en una publicación que se hizo en un foro sobre telenovelas (la primera vez que se utilizó fue en 1917, en una carta que envió John Arbuthnot Fisher a Winston Churchill).

Pero la forma de hablar que se utiliza en internet no consiste únicamente en el uso de siglas. Otras tendencias populares incluyen el uso excesivo de signos de puntuación (o la ausencia de los mismos), escribir todo en minúsculas, utilizar emojis u omitir palabras en oraciones debido a las limitaciones de caracteres.

David Crystal, lingüista y autor del libro Internet Linguistics: A Student Guide, explica esto como una «reacción natural que se produce a la hora de comunicarse a través de internet, en lugar de verbalmente». Al hablar con alguien cara a cara, podemos observar señales no verbales como expresiones faciales o gestos que se hacen con las manos que añaden significado a lo que decimos, mientras que, por escrito, la mayor parte de esta información se pierde. Por lo tanto, las comunidades presentes en internet han traspasado los límites del lenguaje escrito y hablado para crear un método propio de comunicación. El exceso de puntuación, por ejemplo, se utiliza para enfatizar una afirmación o pregunta, así como para transmitir un sentimiento de indignación, duda o emoción.

Gretchen McCulloch, cuyo libro Because Internet: Understanding the New Rules of Language se publicó hace algunos meses, explica de una forma más detallada cómo el lenguaje que se utiliza en internet ayuda a los usuarios a transmitir su propio tono de voz. En una entrevista reciente que concedió a The Atlantic, afirmó:

Ya no aceptamos que la escritura deba estar desprovista de emoción ni que no sea capaz de transmitir de forma precisa nuestro tono de voz. Tampoco creemos que escribir con matices sea algo que solo puedan hacer los profesionales. Estamos creando nuevas reglas en lo que respecta al tono de voz tipográfico. No son el tipo de reglas que se imponen desde arriba, sino normas que surgen de la práctica colectiva de dos mil millones de internautas y que logran dinamizar nuestras interacciones sociales.

No solo eso, sino que ciertos canales como Twitter, por ejemplo, obligaron a los usuarios a ser más creativos en su uso del lenguaje para poder decir todo aquello que querían en los 140 caracteres que se permitían en un principio. Tumblr popularizó la utilización de un estilo en el que todas las palabras se escriben en minúscula y sin signos de puntuación para transmitir fluidez al texto, algo que no es posible si uno se atiene a las reglas de escritura.

A pesar de que se han generalizado gracias a internet, estas estrategias para hacer que la palabra escrita tenga más carga emocional o se parezca más al lenguaje hablado no son nuevas. Tal y como explica McCulloch en su libro, escritores como James Joyce o E. E. Cummings ya se habían saltado las reglas de la gramática con objetivos similares en mente.

Si bien algunos podrían argumentar que el lenguaje que se utiliza en internet y los memes están perjudicando a la lengua inglesa, estos dos lingüistas no están de acuerdo. Crystal afirma que jugar con la comunicación a través de internet y adoptar el estilo que mejor se adapta a su mensaje hace que las personas sean mucho más «conscientes del uso social y estilístico y del significado de los diferentes géneros y tipos de lenguaje». McCulloch añade que «todos nuestros mensajes de texto y tuits hacen que cada vez logremos expresarnos mejor por escrito».

Y no solo por escrito. El vocabulario y los memes propios de internet han traspasado los límites de las salas de chat, las redes sociales o las comunidades de internet donde se originaron. Es cierto que, normalmente, no se utilizan acrónimos de internet cuando se habla con alguien cara a cara, pero usar otras frases propias de internet, como «I can’t even» (que en español se traduciría de forma literal como «ni siquiera puedo») cuando estás alucinado o impresionado, o acortar ciertas palabras («totally adorable» se convertiría en «totes adorbs») no es nada raro en el mundo angloparlante.

Los puristas de la lengua no tienen que tener miedo de que la forma de hablar que se utiliza en internet modifique completamente la lengua inglesa, ya que no le resta nada. En todo caso, ayuda a que se expanda. Tal y como explica David Crystal:

Ahora tenemos una variedad de ropa en nuestro vestuario lingüístico más amplia que nunca.

Y eso siempre es positivo.