ADVERTENCIA: ¡Contiene spoilers!

Se acabó. Después de ocho temporadas, «Juego de tronos» ha llegado a su fin. Vimos a dos reinas caer en desgracia y a otra ascender al poder en el Norte, los últimos targaryen vivos se exiliaron al otro lado del muro, y Tyrion convenció a todo el mundo de que Bran era el que más se merecía el (destruido) Trono de Hierro. Personalmente, no estoy muy conforme con la ejecución, pero, en general, me pareció un final apropiado para la historia.

Es probable que el debate entre los seguidores de los stark, los lannister y los targaryen sobre el final de «Juego de tronos» se prolongue durante muuuuuucho tiempo. Pero la serie deja un legado mucho mayor que una legión de fieles seguidores y un montón de hilos en Reddit.
Debemos agradecer a la adaptación televisiva de la saga de novelas de George R. R. Martin la invención de dos nuevos idiomas ficticios, el alto valyrio y el dothraki.

«Khaleesi», «dracarys» y otros términos

En las novelas, Martin solamente escribió ciertas expresiones aisladas en alto valyrio, como «valar morghulis» (todos los hombres deben morir) y «dracarys» (fuego de dragón), así como varias palabras sueltas en dothraki. Pero los productores ejecutivos de «Juego de tronos», David Benioff y D. B. Weiss, decidieron que querían un idioma completamente formado en el que poder escribir los diálogos. Así que, en 2009, hicieron un concurso de creación del idioma dothraki para miembros de la Language Creation Society.

Las reglas del concurso eran sencillas: la lengua ficticia debía estar en consonancia con los términos acuñados por George R. R. Martin en los libros y ser lo suficientemente fácil como para que los actores pudiesen aprenderla.

Presentamos a David J. Peterson, el primero de su nombre, creador de lenguas y ganador de concursos.

Creó el idioma dothraki a partir del escaso material que obtuvo de las novelas, pero también se inspiró en lenguas reales. El idioma creado por Peterson tiene influencias del suajili en lo referente a la formación de sustantivos y del estonio en cuanto a las formas verbales negativas, aunque también toma elementos de muchos otros idiomas, como el ruso, el turco o las lenguas esquimales. Pero el sonido del dothraki no se parece al de ninguna lengua real. Peterson describe sus sonidos como una mezcla entre los del árabe (sin las consonantes faríngeas, que se articulan principalmente en la parte posterior de la garganta) y los del español, debido a las consonantes dentales, que son las que pronunciamos al apoyar la lengua contra los dientes superiores.

El dothraki consta de veintitrés consonantes y tres vocales, tres tiempos verbales y dos imperativos, muy adecuados para la naturaleza exigente de los personajes. Su gramática se asemeja en parte a la del inglés, sobre todo debido a la estructura de las oraciones, que se componen de sujeto, verbo y complementos, lo que hace que sean relativamente fáciles de comprender. En cuanto al vocabulario, Peterson creó inicialmente 1700 palabras en dothraki, que después desarrolló hasta obtener un total de 10 000.

Pero el extenso vocabulario y las reglas gramaticales que confeccionó no fueron los únicos factores que le hicieron ganar. Según Weiss, adoptó un «enfoque verdaderamente antropológico de la lengua, teniendo en cuenta la historia, la geografía y la cultura de las personas que la hablaban, y asegurándose de que reflejara adecuadamente su realidad».

Y la realidad del dothraki es la de unas personas nómadas que se desplazan a caballo, un pueblo similar al mongol. Se dividen en varios clanes. Cada clan viaja acompañado de su propio líder, pero no hay un único individuo que gobierne a todos los clanes. Por este motivo, no hay ninguna traducción directa para «trono» en dothraki. Peterson tampoco incluyó una palabra para «libro» en su vocabulario de dothraki, ya que los personajes ficticios no tienen ningún sistema de escritura, así que este es un concepto desconocido para ellos.

Además del dothraki, Peterson también desarrolló el idioma alto valyrio para la tercera temporada de la serie. Pero, en este caso, adoptó un enfoque diferente. El alto valyrio es al universo de «Juego de tronos» lo que el latín a nuestro mundo, una lengua muerta utilizada exclusivamente por eruditos y que solo se enseña a los nobles. Quienes lo hablaban originariamente, el pueblo valyrio, dejaron de existir mucho antes de que se desarrollara la historia de «Juego de tronos», por lo que Peterson no tenía una cultura viva en la que basar la lengua. Así que solo creó las palabras necesarias para poder elaborar los diálogos de la serie.

Al igual que el latín, el alto valyrio evolucionó a diez dialectos e idiomas distintos, conocidos en su conjunto como bajo valyrio. No están tan desarrollados como los otros dos idiomas de ficción creados para la serie. Peterson escribió los diálogos necesarios en alto valyrio y, a continuación, aplicó una serie de cambios fonológicos, semánticos y gramaticales para resaltar las diferencias entre los distintos dialectos.

Además de tener en cuenta la cultura de los personajes ficticios cuyo idioma va a desarrollar, a Peterson también le gusta incluir datos de su vida personal en el proceso. La palabra del alto valyrio para «gato» es «kēli», el nombre de su gato (Keli). Y el nombre de su esposa, Erin, aparece en todos los idiomas que crea. En dothraki, significa «amable».

Larga vida y prosperidad para el idioma

A la hora de inventarse una lengua, no existe ningún método establecido que pueda seguirse. Mark Okrand, más conocido como el hombre que inventó el klingon, opina que David J. Peterson hizo un trabajo excelente para «Juego de tronos», ya que consideró el idioma como un todo y tuvo en cuenta a las personas que lo hablaban, su historia y su cultura. Sin embargo, él no siguió el mismo proceso cuando creó un idioma para el universo de Star Trek.

El klingon hizo su primera aparición en pantalla cuando se estrenó « Star Trek: La película» , en 1979. Fue a James Doohan, el actor que interpretó a Scotty en la película, a quien se le ocurrieron algunas palabras en klingon para el personaje de Mark Lenard. En un principio, se pretendía que fuese únicamente un galimatías para subrayar la diferencia entre los klingon y el resto de personajes.

Pero para la película de 1984 « Star Trek III: En busca de Spock», Leonard Nimoy y Harve Bennett, escritor y productor, querían que las especies de humanoides guerreros hablasen un auténtico idioma en lugar de emitir sonidos aleatorios. Así que encargaron una lengua completa y estructurada al lingüista Marc Okrand, que había desarrollado las cuatro líneas del diálogo en vulcano para la película anterior de Star Trek.

Para mantener la coherencia, Okrand basó el idioma klingon en las frases que Doohan había creado. A partir de ahí, se dispuso a desarrollar la lengua con la intención de hacerla sonar como de otro mundo y tan poco familiar para el oído humano como fuera posible. Okrand mismo lo explica:

Las lenguas humanas tienden a seguir un modelo. Ciertos sonidos van juntos y otros no. No tuve en cuenta estas reglas e incluí sonidos en el klingon que habitualmente no están en un mismo idioma. No hay ningún sonido en el klingon que no puedas encontrar en un idioma real, pero el conjunto de sonidos es único.

Lo que caracteriza al klingon es este conjunto de sonidos, en su mayoría guturales y ásperos. Por ejemplo, tomemos la combinación de letras «qx». Según el Klingon Language Institute, para pronunciarla correctamente, debes «cerrar la parte la parte posterior de la boca lo más atrás que puedas, como con la “q”, y exhalar el aire hacia arriba como si tratases de expulsar comida que se te ha quedado atascada en la garganta». Y por si tienes curiosidad, la «q» del klingon se supone que suena un poco como si te estuvieras ahogando.

Otra característica típica del klingon que resulta bastante inusual es la estructura de las oraciones. En lugar del orden habitual, que consiste en sujeto, verbo y complementos, en el klingon van primero los complementos, luego el verbo y finalmente el sujeto. Una opción muy rara que utilizan únicamente unas pocas tribus de América.

El objetivo principal de Okrand a la hora de crear el idioma fue que pareciese lo más raro posible. Desde un principio, decidió no incluir ninguna palabra ni regla gramatical basándose en la geografía o la cultura de Klingon, ya que no era guionista. Dejó que los creadores y guionistas de la película inventaran la historia de los klingon y se centró únicamente en su lengua.

El señor de las palabras

Por su parte, J. R. R. Tolkien hizo ambas cosas. De hecho, creó las lenguas de ficción en primer lugar y, posteriormente, escribió «El hobbit», «El señor de los anillos» y «El Silmarillion» con el objetivo de crear un universo en el que se pudiesen hablar dichas lenguas. En una carta enviada a su hijo Christopher en 1958, explica:

Nadie me cree cuando digo que mi libro largo (refiriéndose a «El señor de los anillos») es un intento de crear un mundo en el que una forma de lenguaje acorde con mi estética personal pueda parecer real. Pero es cierto.

Tanto en «Juego de tronos» como en «Star Trek», el propósito de los idiomas ficticios es añadir autenticidad a los mundos en los que las producciones están ambientadas, mientras que en el caso de «El señor de los anillos», es la Tierra Media ficticia la que da sentido a los idiomas. Las lenguas reales que hablan los humanos evolucionan de acuerdo con la historia y la cultura de las personas que las hablan. Tolkien creó los idiomas para que se comportasen de la misma forma, así que necesitaba el contexto para justificar dicha evolución.

Tolkien creó idiomas para los distintos pueblos que aparecen en sus novelas, pero dedicó su trabajo principalmente a las lenguas élficas, especialmente al qeenya y al sindarin. En la historia de la Tierra Media, ambas lenguas se originaron cuando un grupo de elfos se mudaron y se establecieron en una región diferente, mientras que el resto se quedaron atrás.

De manera similar al alto valyrio de «Juego de tronos», el quenya se considera la lengua élfica superior, algo parecido al latín de los elfos, y se utiliza exclusivamente como una lengua formal escrita. Está muy influenciada por el finlandés, uno de los idiomas favoritos de Tolkien. La semejanza más llamativa entre ambos, y también la característica principal del quenya, es su naturaleza aglutinante, lo que significa que se pueden agregar múltiples afijos a las palabras para cambiar su significado. Por lo tanto, una palabra en quenya podría significar lo mismo que una oración completa en inglés.

La lengua común que hablan los elfos es el sindarin. Está muy influenciada por otra de las lenguas favoritas de Tolkien, el galés. Fue diseñada para tener una fonología o sistema de sonidos similares a los del galés, ya que casi todos los sonidos son iguales en ambas lenguas. Una parte de la gramática del sindarin también se basa en la gramática del galés.

Como filólogo, académico y, ante todo, un gran apasionado de todo tipo de idiomas, no resulta sorprendente que Tolkien se inspirase en sus lenguas favoritas para crear otras nuevas, acordes con sus gustos y su estética personal. Tampoco es de extrañar que incluso inventara un sistema de escritura que se adaptaba a la perfección a sus lenguas ficticias. El tengwar (o caracteres fëanorian) es un sistema de símbolos inventado en el mundo mítico de Tolkien por el elfo Fëanor que se puede usar para escribir la mayoría de los idiomas, incluidos el quenya y el sindarin. En realidad, fue desarrollado por Tolkien entre los años veinte y treinta. Su rasgo más destacado es que «las formas de las letras se corresponden con las características de los sonidos que representan».

La necesidad de lenguas ficticias

A pesar de que Tolkien es a menudo reconocido como el pionero de la invención de lenguas, la historia muestra que la práctica se remonta al siglo XII, cuando santa Hildegarda de Bingen creó la «lingua ignota», que se cree que es la primera lengua totalmente inventada. A veces, los idiomas artificiales llegan incluso a arraigarse, como ocurrió en el caso del esperanto, una lengua creada por L. L. Zamenhof con el objetivo de instaurar un único idioma que acelerase la paz y la unidad mundiales.

Más recientemente, las lenguas ficticias o artificiales han saltado a la fama gracias a la cultura popular. Puede que «Juego de tronos», «Star Trek» y «El Señor de los anillos» sean las primeras que nos vengan a la mente, pero existen muchas otras producciones de Hollywood que han encargado a lingüistas la creación de lenguajes ficticios específicos para ellas.

En «Avatar», de James Cameron, se habla na’vi, una lengua alienígena desarrollada por Paul Frommer; en «Thor: El mundo oscuro», de Marvel, escuchamos a los elfos oscuros hablar shiväisith, y en «Doctor extraño», aparece una lengua especial de conjuros denominada nelvayu. Estas dos últimas fueron creadas por David J. Peterson. Este lingüista también creó la «verbis diablo», una lengua usada por brujas y demonios en «Penny Dreadful», el trigadesleng, un idioma hablado por los terrestres de «Los 100», y las cinco lenguas de ficción que escuchamos en «Defiance».

La cantidad de lenguas ficticias creadas para películas y programas de televisión seguirá aumentando. Y no solo porque hacen que las historias que se cuentan parezcan más auténticas. Durante décadas, los espectadores se han contentado con ver a especies alienígenas hablar en sus propios idiomas, pero se han vuelto tan exigentes que esto ya no les parece suficiente. Además, la gente cada vez se interesa más por los productos culturales que ve. Por ejemplo, Hamlet se ha traducido a kinglon, y hay más personas que estudian alto valyrio en Duolingo que las que entienden y hablan gaélico escocés o galés.

Desde luego, a la hora de aprender un segundo idioma, motiva mucho que lo hablen tus personajes de ficción favoritos. Seguro que, en la mayoría de los casos, saber dothraki no te ayudará mucho en una entrevista de trabajo. Pero es una forma de acercarse a la cultura y al mundo ficticio en los que existen esas lenguas, contribuyendo así a que su legado siga vivo.