Papua Nueva Guinea ocupa la mitad oriental de la isla de Nueva Guinea, la segunda más grande del mundo, que comparte con Indonesia. Es el hogar de 250 mamíferos diferentes, 700 especies de aves y de la mariposa más grande del mundo, la mariposa alas de pájaro. El 77 % del país está cubierto de selva tropical. Su territorio está muy inexplorado; existen numerosas poblaciones indígenas aisladas en Papua Nueva Guinea, así como innumerables especies de plantas y animales que según los investigadores aún están por descubrir.

En ese contexto de biodiversidad, una variedad de lenguas igualmente impresionante ha florecido en el país oceánico. Papua Nueva Guinea tiene el récord de lenguas habladas, con unas impresionantes 851, que incluyen tres lenguas oficiales: inglés, hiri motu y tok pisin.

En Indonesia se hablan 719 lenguas y en Nigeria, 525. En total, en los tres países se hablan el 29 % de las 7111 lenguas del mundo. Si se extendieran de manera equitativa por los 195 países del mundo, en cada país se hablarían alrededor de 36 lenguas. En las regiones tropicales se encuentran más lenguas que en cualquier otro lugar. Vanuatu, otro país de Oceanía, tiene 250,00 habitantes repartidos en 80 pequeñas islas en las que se hablan 110 lenguas diferentes. Rusia, por otro lado, es 1403 veces más grande, pero “solo” se hablan 105 lenguas indígenas.

Los factores que contribuyen en la diversidad lingüística de las diferentes regiones del mundo son variados. Los investigadores plantean la hipótesis de que los patrones del lenguaje evolucionan de acuerdo con la historia, las diferencias culturales y las divisiones geográficas como montañas o ríos, pero en realidad no existe una respuesta clara a la pregunta del título de este artículo, ni evidencias que apunten a los lingüistas hacia una dirección única y definitiva.

Algo en el agua

Michael Gavin es profesor asociado de dimensiones humanas de los recursos naturales en la Universidad Estatal de Colorado. Hace unos años, asistió a un taller de investigación en la isla de Makelua, en Vanuatu. Fue el único participante que no era originario de la isla. Todos los demás provenían de 16 comunidades distintas que hablaban su propia lengua.

La isla hacía 100 kilómetros de largo y solo 20 kilómetros de ancho, y en muchos casos, uno podía pararse al borde de un pueblo y ver las afueras del pueblo más cercano. Y aún así, los habitantes de cada pueblo hablaban lenguas completamente diferentes, con un total aproximado de 40 en toda la isla.

Inspirados por ese hallazgo y por la pregunta de por qué los humanos hablan tantas lenguas, Gavin y un equipo de lingüistas construyeron un modelo para evaluar en qué grado los procesos naturales básicos como la lluvia podrían ayudar a explicar la diversidad de lenguas. Usaron Australia como ejemplo.

El modelo asumió tres cosas básicas. Primero, que las poblaciones se moverían hacia espacios disponibles en los que nadie más vivía todavía; segundo, que la lluvia influiría en la cantidad de personas que pueden vivir en un lugar; y tercero, que cada población tendría un tamaño máximo óptimo, y cada vez que lo superase, se dividiría en dos grupos que con el tiempo desarrollarían diferentes lenguas.

Una población inicial surgiría en el mapa de Australia y crecería en una dirección aleatoria. Después, un mapa de precipitaciones subyacentes determinó la densidad de población en diferentes regiones, en las cuales la población se dividía en grupos más pequeños cada vez que alcanzaba el máximo establecido, poblando todo el país.

El modelo produjo 407 lenguas de esta manera, solo uno menos de la cantidad real de lenguas aborígenes que se hablan en Australia: 406, antes de tener cualquier contacto con los europeos. El número real fue distribuido en un mapa por Claire Bowern, una lingüista de la Universidad de Yale, quien determinó que se pueden encontrar más lenguas a lo largo de la costa, contrariamente a las secas zonas del interior. El modelo simulado de Gavin mostró la misma distribución de lenguas.

Es seguro asumir que, en este caso particular, la lluvia jugó un papel crucial en la población y, en consecuencia, en la distribución de la lengua. Pero no es el único fenómeno natural que influye en la manera en que se desarrollan las lenguas humanas.

No hay montaña lo suficientemente alta

Papua Nueva Guinea no solo está cubierta de bosques tropicales, sino que el terreno es mayormente montañoso. Junto con sus tierras bajas costeras, pantanos y numerosos ríos, la geografía del país dificulta el desplazamiento de las poblaciones. Como resultado, existen varios grupos que viven en aislamiento, y lo han hecho durante tanto tiempo, que desarrollaron sus propias lenguas tan diferentes entre sí.

Un equipo de investigadores de la Universidad de Nuevo México y del Laboratoire Dynamique du Langage-CNRS de Francia, dirigido por Ian Maddieson, examinó 628 lenguas de diferentes partes del mundo y concluyó que, de hecho, el entorno en el que se hablan las lenguas es clave para su evolución.

Los resultados del estudio se basaron en el análisis de la cantidad de vocales y consonantes utilizadas en cada lengua y comparándolo con el clima y las condiciones ambientales de las respectivas regiones en las que se hablan.

Detectaron que el número de consonantes distintas y el grado en que las consonantes se agrupan en sílabas se correlaciona con la precipitación media anual, la temperatura media anual, el grado de cobertura forestal junto con la elevación geográfica y la “cantidad de montañas” (“rugosidad”) del área en la que se hablan tradicionalmente.

Los hallazgos del equipo de Maddieson les permitieron aplicar la hipótesis de adaptación acústica (diferentes especies adaptan sus señales acústicas al entorno en el que viven) a las lenguas humanas.

En las regiones en las que la vegetación es más densa, la transmisión del sonido es menos uniforme, con algunas ondas de sonido dispersadas por la vegetación y otras esparciéndose hacia los lados. Esto afecta específicamente a las consonantes y en particular a las letras “p”, “t” y “k”, que tienen frecuencias más altas que las vocales, lo que a su vez explica por qué las lenguas utilizadas en regiones con una mayor cobertura forestal se desarrollan de formas diferentes (al favorecer las vocales) que en otras partes del mundo.

Otros factores como la temperatura del aire, el viento y las precipitaciones tienen un papel igualmente importante en la adaptación acústica y, en consecuencia, en la evolución de la lengua.

Si echamos otro vistazo a Papúa Nueva Guinea, el aislamiento no solo contribuyó en la variedad de lenguas de sus pueblos, sino que el entorno natural de las regiones en las que se asentaron también jugó un papel crucial.

Tanto la investigación de Gavin como la de Maddieson representan un buen argumento para la diversidad lingüística; no es difícil imaginar que se hablen tantas lenguas en ciertos países dada la variedad de paisajes naturales y microclimas existentes en todo el mundo.

Los orígenes del lenguaje

Sin embargo, para comprender realmente la diversidad lingüística y, finalmente, acercarnos a explicar por qué los seres humanos hablan tantas lenguas diferentes, debemos tener en cuenta no solo las circunstancias físicas de los usuarios de una lengua, sino también sus circunstancias sociales e históricas.

Los lingüistas han luchado durante mucho tiempo por determinar el momento en el que se formó el lenguaje. David Armstrong, un antropólogo ahora retirado que pasó décadas estudiando los orígenes del lenguaje, dice que la dificultad proviene del hecho de que el lenguaje es un comportamiento, no un atributo físico, por lo que no existen registros fósiles de su primera aparición.

Sin embargo, hay dos hipótesis principales que explican el origen de las lenguas y su consiguiente diversidad.

La primera es la creencia de que todas las lenguas que han utilizado los seres humanos se originaron en una sola lengua, la cual se extendió por todo el mundo debido a la naturaleza nómada de los primeros seres humanos. Esta idea se conoce como monogénesis. La segunda hipótesis se conoce como poligénesis y cree que, de la misma forma que los humanos evolucionaron paralelamente en diferentes partes del mundo, también lo hizo la lengua. Cada una de las lenguas originales se dividió en otras muchas diferentes.

Independientemente de las creencias personales sobre el nacimiento original de las lenguas, el hecho es que las lenguas han evolucionado no solo debido a las influencias ambientales, sino también a las divisiones, extinciones e intercambios horizontales entre los seres humanos, que podemos observar a lo largo de la historia.

Antes de establecerse como sociedades en espacios fijos, los seres humanos eran nómadas que viajaban de una región fructífera a la siguiente, cada vez que se quedaban sin recursos. Fue solo después de empezar a cultivar que los humanos comenzaron a establecerse en un territorio y finalmente evolucionar como sociedades.

Pero los seres humanos continuaron moviéndose, y las migraciones, en cualquier forma y momento en el que tuvieron lugar, ayudaron a difundir lenguas de distintos orígenes por todo el mundo. Mientras diferentes grupos de personas iniciaron el contacto entre sí, se originaron lenguas que a menudo eran una mezcla de las dos que ya se hablaban. A menudo estas comenzarían como versiones simplificadas de las dos lenguas dominantes y evolucionarían hasta convertirse en lenguas propiamente dichas al transmitirse a las siguientes generaciones.

Las lenguas poseen una cualidad orgánica que les permite seguir cambiando con el tiempo y con las personas que las utilizan. Es por eso que hoy la palabra ” gay” significa algo muy distinto que cuando Natalie Wood la cantó, como María, en ” West Side Story” de 1961.

Actualmente los seres humanos hablan 7111 lenguas. Puede haber habido un momento en el que se hablaban aún más lenguas en todo el mundo, antes de que varias tribus se establecieran en grupos más grandes; y puede llegar un momento en que el número disminuya, ya que las lenguas desaparecen porque no hay suficientes personas que las hablen.

Los lingüistas aún no han alcanzado un acuerdo a la hora de encontrar una respuesta concreta al porqué surgieron tantas lenguas. Lo que sí saben con certeza es que el número cambiará constantemente a medida que la humanidad y el mundo cambien también.