«That’s what she said»: La influencia de la cultura popular en el lenguaje

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Tengo una amiga que es buenísima a la hora de hacer chistes del tipo «that’s what she said», o lo que es lo mismo, «eso dijo ella» , muy populares en el mundo anglosajón. Se trata de encontrarle un doble sentido sexual a la frase más inocente, algo en lo que ella es una auténtica maestra. No, gracias. Está bien así. Deberías echarle mantequilla. Estás complicando esto más (en inglés, «you’re making this harder», que también podría traducirse como «estás poniendo esto más duro») de lo necesario. ¡Eso dijo ella! Desde lo más obvio a lo más rebuscado, su humor es tan variado como el rango vocal de cinco octavas de Mariah Carey.

Si has visto alguna vez la serie de televisión «The Office», seguro que te suenan este tipo de chistes. Al igual que mi amiga (llamémosla Jane, por ejemplo), Michael Scott, gerente de la delegación regional de Dunder Mifflin Scranton en Pensilvania, es un gran aficionado a los chistes del tipo «eso dijo ella». Sin embargo, es posible que, al igual que Jane, y por increíble que parezca, no hayas visto ni un solo episodio de «The Office» en tu vida (tú te lo pierdes, estamos hablando de 74 horas de puro deleite. Eso dijo ella).

Entonces, ¿de dónde sacó Jane esa referencia? ¿La sacó de mí, que no tengo ninguna vergüenza a la hora de contar chistes en un intento de ser graciosa y sentirme así aceptada? ¿Jane tiene amigos más guais que yo? ¿Ha estado viendo « The Office» a mis espaldas? En un mundo en el que estamos tan influenciados por el contenido de los medios, los famosos y Mercury (solo cuando nos ponemos nostálgicos), no puedo dejar de preguntarme cómo las frases de la cultura popular logran hacerse un hueco en el lenguaje cotidiano.

Hace mucho tiempo, en una galaxia muy, muy lejana

Los humanos ya llevamos un tiempo en la tierra, 2,4 millones de años si tenemos en cuenta la primera especie del género Homo, o 150,000 años si hablamos de los Homo sapiens, o lo que es lo mismo, los seres humanos anatómicamente «modernos». Evolucionamos, comenzamos a caminar sobre nuestras patas traseras, nos desplazamos y nos asentamos en distintas regiones del mundo, pasando de un estilo de vida nómada a uno sedentario. En algún punto de este recorrido, descubrimos el fuego accidentalmente, inventamos la rueda y nos dimos cuenta de los innegables beneficios del batido de kale, en ese orden de importancia.

Durante casi todo el tiempo que hemos vivido en grupos o sociedades, hemos tenido costumbres comunes que nos han unido. Por ejemplo, la pintura rupestre en la época prehistórica. No obstante, resulta difícil saber con certeza si estas tradiciones tempranas pueden considerarse realmente manifestaciones culturales.

Mi lista de preguntas para las que no tengo una respuesta concreta comienza por «¿de verdad estaban Ross y Rachel dándose un tiempo?», seguida de «qué más da, ¿justifica eso realmente el comportamiento de Ross?», hasta llegar a la pregunta lógica que completa esta secuencia, «¿qué es la cultura?». Si bien no creo que consigamos ponernos de acuerdo sobre si Ross y Rachel estaban juntos o no, es posible que logremos encontrar una definición precisa de lo que es la cultura. Raymond Williams nos ayuda con tres definiciones posibles. La cultura, tal y como él la entiende, es:

  1. Un proceso general de desarrollo intelectual, espiritual y estético.
  2. Una forma particular de vida, ya sea de una persona, un periodo o un grupo.
  3. Las obras y prácticas de la actividad intelectual y, sobre todo, artística.

Los sociólogos, a su vez, definen la cultura como «la creación de tradiciones y tendencias que unen a los seres humanos en un grupo común». Por lo tanto, se puede afirmar con seguridad que, desde una etapa tan temprana como la época prehistórica, los seres humanos ya participaban en actividades culturales de algún tipo.

En ese momento, sin embargo, aún no se podía definir como cultura popular, aunque fuese una práctica estandarizada. En conclusión, la cultura popular se define generalmente como «la cultura vernácula o del pueblo que predomina en una sociedad en un momento dado» y está determinada por mucho más que una única forma de expresión artística.

Born in the USA

La cultura popular, tal y como la conocemos hoy en día, es una mezcla de música, películas, programas de televisión, libros y obras de teatro, pero también forman parte de ella los deportes, los famosos, la cultura cibernética, ciertas marcas o incluso la comida que tomamos. Fijémonos, por ejemplo, en McDonald’s, Nike y Starbucks (especialmente el café especiado de calabaza), los famosos gatos de internet o el cuestionario de Buzzfeed que nos dice qué tipo de «cupcake» somos en función de nuestros grupos favoritos de «death metal».

A pesar del peso que tiene la cultura popular propia en cada país, es innegable la influencia que ejercen los productos mediáticos estadounidenses en todo el mundo. Aparte de las Kardashian, alrededor del 70-80 % de todos los programas de televisión que se emiten en Europa proceden de Estados Unidos, Hollywood es el mayor productor de películas del mundo en lo que se refiere a ingresos (India lo es en cuanto a la cantidad de películas estrenadas al año) y siete de las diez actuaciones musicales más importantes del 2018 eran estadounidenses.

Si el contenido estadounidense es el que más se consume en nuestros hogares, no es de extrañar que afecte a diversos aspectos de nuestras vidas, incluida la forma en la que hablamos. Y la influencia viene de hace tiempo. No solo imitamos a personajes o decimos frases de los programas o películas que vemos actualmente, sino también de otros más antiguos. Le haré una oferta que no podrá rechazar. Es de «El padrino», del año 1972. Algunas de las frases más memorables de «La guerra de las galaxias» son de la trilogía original, que se estrenó entre 1977 y 1983: «que la fuerza te acompañe», «es una trampa», «estos no son los androides que buscáis» o « no, yo soy tu padre». Sí, has leído bien. Así es como lo dice: «No, Luke, yo soy tu padre». Tenemos que agradecerle a Seinfeld, el clásico de los 90, que nos haya enseñado la forma ideal de indicar que vamos a saltarnos la parte aburrida de una historia, «blablablá». Y nunca podremos estar lo suficientemente agradecidos a la serie «Friends» por haber definido por fin la «friend zone» o «zona de amigos», y por enseñarnos la infalible frase para ligar: «¿ Cómo va eso?» .

Si avanzamos solo un par de años, la lista se amplía. Los ejemplos más actuales incluyen el « acepto el reto» y el « legendario» de «Cómo conocí a vuestra madre», así como el «zas en toda la boca» de «The Big Bang Theory ». Una de las series de televisión que ha tenido un mayor impacto cultural en los últimos tiempos ha sido «Juego de tronos». La serie nos ha regalado expresiones que podemos usar a diario, como « se acerca el invierno» (utilizada descaradamente cuando Tina, de contabilidad, se acerca a tu mesa) o «no sabes nada, Jon Nieve » (pronunciada con la cabeza baja cuando Tina, de contabilidad, te dice que no has presentado los gastos correctamente). De hecho, en torno a «Juego de tronos» se ha creado una comunidad de seguidores tan grande que incluso Obama se refirió a la serie en público.

No importa que tus referencias sean más o menos guais («Juego de tronos» = guay; «Anatomía de Grey», no tanto), es el sentido de pertenencia a una comunidad lo que hace que la cultura popular juegue un papel tan importante en la vida de las personas.

Tim Delaney, sociólogo y fiel seguidor de Seinfeld, lo describe mejor:

«La cultura popular permite que grandes masas heterogéneas de personas se identifiquen como un colectivo. Tiene un papel de inclusión en la sociedad, ya que une a las masas en torno a unos ideales de comportamiento aceptable. Además de forjar un sentido de la identidad que une a los individuos a la sociedad en general, el consumo de productos de la cultura popular suele aumentar el prestigio de una persona en su grupo de iguales. Además, la cultura popular, a diferencia del folclore o la alta cultura, brinda a los individuos la posibilidad de cambiar los sentimientos y normas de comportamiento dominantes, como veremos. Por tanto, la cultura popular resulta atractiva para la gente porque les ofrece oportunidades tanto para incrementar su felicidad de forma individual como para fomentar la unidad entre personas».

Es «leviosa», no «leviosá»

Es precisamente el intercambio entre personas de expresiones derivadas de los medios de comunicación, y no necesariamente su exposición a ellas, lo que influye en el lenguaje. O así lo dicen algunos lingüistas. El sociolingüista británico Peter Trudgill sostiene que:

«Los medios electrónicos no son muy determinantes en la difusión de las innovaciones lingüísticas, a pesar de la creencia popular generalizada de que sí lo son. La cuestión es que la gente, por mucho que vea y haga caso a la televisión, no habla con ella. […] Para que se produzca la difusión, es necesario que antes se haya producido una interacción cara a cara, ya que la acomodación se produce únicamente cuando se ha llevado a cabo dicha interacción».

En otras palabras, la mera exposición al contenido de los medios no es suficiente para que este tenga un efecto real en el lenguaje. Independientemente de cuántos atracones nos demos de series o películas, las frases que aprendemos de ellas solo cuajan cuando comenzamos a utilizarlas en nuestra vida diaria.

Walt Wolfram va un paso más allá y reconoce que los programas de televisión y las películas influyen de alguna manera en el lenguaje:

«Aunque está claro que los programas de televisión han aportado algunas palabras al vocabulario y han facilitado la rápida difusión de algunas expresiones populares […], se exagera enormemente la influencia de los medios de comunicación, ya que las personas no adoptan expresiones de los personajes de los medios, con quienes no interactúan personalmente. […] En las conversaciones normales y cotidianas, la mayoría de las personas quieren hablar como sus amigos o conocidos».

Lo que hace que vuelva al tema de mi amiga Jane. No es de extrañar que utilice una frase de una serie de televisión que nunca ha visto. Un gran número de seguidores de «The Office» de su entorno , y también ella, bromean constantemente con «eso dijo ella». No porque sea una frase que haya oído en la serie y quiera hablar sobre ello, sino porque, al decirla, siente que forma parte de algo.

Pero no descartemos aún la influencia de la cultura popular en el lenguaje. Aunque algunos lingüistas sostienen que los medios de comunicación desempeñan un papel muy poco importante en la evolución del lenguaje, es la presencia generalizada del cine, la televisión, internet y otros medios en nuestras vidas lo que introduce estas frases en nuestro vocabulario.

Si no fuera por «The Office», ¿conoceríamos o usaríamos la expresión «le dijo la actriz al obispo»? En un esfuerzo por comprender el patrimonio de su serie favorita, los seguidores más acérrimos de la versión estadounidense de «The Office» hallaron el chiste constante de Michael Scott en el lugar más recóndito de la versión británica original. La expresión se hizo popular en la Royal Air Force británica en la década de los cuarenta, pero sus orígenes se remontan a la época eduardiana.

No sé como lo ves tú, pero yo creo que la frase «dijo la actriz al obispo» no le sale a uno tan fácilmente. Y ya sabes lo que diría ahora Jane.

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