Traducir sin el original: un escándalo literario más grande que los Beatles

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Translating without an original
Artwork by Nicolae Negura

No hay segundas oportunidades.

Estas cuatro palabras representan la paradoja del traductor. Se ciernen sobre la mente de los traductores literarios, que intentan reproducir en otro idioma los dobles sentidos, los detalles de la vida cotidiana, el aroma del aire de verano que caracteriza a un único lugar en el tiempo y en el espacio, así como a la gente que lo habita.

No hay segundas oportunidades. Así que la primera traducción de un texto literario es arriesgada, ya que determina cómo percibirán un texto los lectores de todo el mundo en los próximos años. Incluso los pequeños lapsus o los errores sintácticos pueden ser tan letales que el texto original nunca recupera del todo a sus lectores.

Una vez que salen a relucir los fallos de su obra, a los primeros traductores no les suele ir mucho mejor.

Nace una belleza terrible

Entre 1760 y 1763, con tan solo 25 años, James Macpherson (1736–96) tradujo los poemas de Ossian, un ciclo épico que ha sido considerado tanto la fiel continuación de la poesía oral irlandesa como un fraude. Lo que los lectores de hoy en día considerarían una mala traducción, un escándalo sin importancia, fue por aquel entonces un verdadero espectáculo mundial, hasta el punto de que algunos eruditos hayan calificado la traducción y la expectación generada entorno a ella como el mayor fenómeno cultural anterior a los Beatles.

Antes de que las acusaciones de mala traducción e invención absoluta comenzaran a arremolinarse, Macpherson era un erudito y maestro gaélico que vivía casi en el anonimato en las Tierras Altas de Escocia, en medio de las exuberantes colinas de Ruthven.

El paso de poeta fracasado a sensación literaria fue rápido e imprevisto. Traducir antiguos versos escoceses no había pasado por la mente del joven académico, pero tras recitar las canciones gaélicas que había asimilado desde niño, Macpherson se apresuró en escribir una versión inglesa para su oyente, John Home. Home se sintió conmovido por los vociferantes ritmos del poema y por los sensibles guerreros, cuyas hazañas también se celebraban.

Lo que comenzó como una traducción puntual se convirtió en un extenso ciclo épico, que abarca más de una docena de entregas en las que Ossian, un bardo ciego, celebra la vida y las batallas de Fingal, un antiguo guerrero escocés. Y fue toda una revelación.

De hecho, fue como si una obra completa de literatura hubiese florecido de la noche a la mañana, ¡y en el momento más oportuno! Macpherson había dado a sus lectores escoceses un héroe nacional, considerado por algunos como el “Homero del Norte”, cuando más lo necesitaban. En Escocia, la moral de los escoceses estaba totalmente hundida tras la derrota de las fuerzas jacobitas en la batalla de Culloden, que marcó el final de los esfuerzos por restaurar la Casa de Estuardo (originalmente escocesa). Si bien los manuscritos que atestiguaban una sólida tradición oral irlandesa gozaban de una circulación relativamente amplia en la Gran Bretaña de Macpherson, no había prácticamente ningún texto al que los lectores escoceses pudieran acudir para reafirmar su herencia, que se enfrentaba a la creciente tensión con la cultura anglófona dominante.

Aunque Ossian adquirió bastante importancia a nivel local, no hubo nada de provinciano en al alcance de la obra. Los poemas resultaron ser uno de los primeros éxitos literarios y, sin duda, una de las traducciones más leídas de todos los tiempos. Entre los admiradores más ilustres de los poemasde Ossian se encuentran Thomas Jefferson y Napoleón, quién al parecer llevaba sus poemas al campo de batalla. Nombres gaélicos como Oscar y Selma deben su popularidad casi exclusivamente a las traducciones de Macpherson. Si bien no hay un único factor detrás del éxito de los poemas, se puede decir con certeza que la convincente combinación de armas junto con la poderosa retórica de los guerreros gaélicos resonó en los lectores del siglo XVIII que presenciaron los albores de la Ilustración, a las puertas de las principales revoluciones del mundo occidental.

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El mayor escándalo del que nunca has oído hablar

Confesemos que ningún caballero o estafador supo nunca menos del oficio de un hábil impostor que el memorable Sr. James Macpherson.

Charles O’Conor, anticuario irlandés

En cuanto publicó su obra, el joven traductor tuvo que enfrentarse a intensas críticas que surgían en medio de crecientes dudas sobre su autenticidad. ¿Cuáles fueron sus fuentes? ¿Por qué no pudo mostrar evidencias de los manuscritos de los poemas? ¿Qué pintaba Fingal en una epopeya escocesa si siempre se le había asociado al folclore irlandés?

En su afán por rehabilitar el honor escocés y, tal vez, por elevar su propia posición como poeta y traductor, Macpherson se desvió del material de origen y se adentró en territorio peligroso, eliminando e insertando pasajes, refinando o exagerando ritos antiguos según su visión política y poética. Pero ya entonces se sabía que Macpherson se basó en gran medida en el folclore escocés, presentando a un héroe que era en esencia un gaélico escocés, no el romántico consentido que algunos quieren que sea. El escaso registro de archivos puede atribuirse fácilmente a los orígenes del poema en la poesía oral.

Si las traducciones de Macpherson se vieron influenciadas por sus predilecciones y políticas, las palabras más duras de sus críticos vinieron de un lugar no menos personal. Los lectores irlandeses veían al Fingal de Macpherson como un héroe secuestrado por la causa nacionalista escocesa, incluso cuando los eruditos gaélicos avalaban una herencia mitológica común.

Incluso admitir que la epopeya existió hubiese sido peligroso en el contexto inglés. En ese momento, tal concesión podría haberse considerado un respaldo a la soberanía escocesa. Los principales críticos ingleses de la época, incluido Samuel Johnson, se centraron en la cuestión del escaso registro de archivos del poema, como si quisieran dar a entender que, al traducir sin un original, Macpherson había revelado sin darse cuenta que no existía la originalidad escocesa. Si los guerreros de los que Ossian hablaba en sus canciones fueron inventados, originalmente descritos en inglés, eso solo habría demostrado una vez más la superioridad de la tradición literaria anglófona.

Desgraciadamente para el joven traductor, quince minutos de fama dieron paso a siglos de notoriedad como falsificador literario, dando la última palabra a Johnson y a otros menos críticos, a pesar de que el “Informe del Comité Highland Society, encargado de investigar la naturaleza y autenticidad de los poemas de Ossian”, publicado en 1805, concluía que Macpherson había elaborado las epopeyas a partir de un auténtico texto fragmentado.

No hay segundas oportunidades, ya sabes.

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Todo es personal

Soy traductor Soy muy consciente de los pesimistas que preferirían ver un texto de clase mundial languideciendo en la oscuridad antes que permitir que la asociación más oscura de una sola palabra se perdiese en la traducción y que, por el amor de Dios, ¡se recuperase en un fatigoso y detallado pie de página!

El caso del Ossian de Macpherson es curioso y desalentador para traductores no bilingües como yo, especialmente porque involucró a un traductor con una relación profunda y hereditaria tanto con su idioma original como con el idioma de destino (si bien se desconoce el grado de fluidez de Macpherson en el gaélico escocés). Si alguna vez hubo un traductor bien preparado para hacer de mediador neutral entre dos idiomas, ese sería James Macpherson.

Si dejamos a un lado la cuestión del material fuente de Macpherson, surge otra, que se centra más en el tema principal. ¿En qué punto empezó a irle mal al erudito gaélico? ¿Cómo se convirtió su nombre en símbolo de una traducción carente de autenticidad y repleta de geopolítica?

En ” Is That a Fish in Your Year?” el teórico y traductor David Bellos nos da una respuesta, si no una salida fácil a la debacle de la autenticidad: “No es la poesía lo que se pierde en la traducción. Es comunidad “.

Aquí, comunidad probablemente hace referencia a las sospechosas habituales. Las tradiciones de la cultura del idioma original, que a menudo carecen de equivalentes directos en el idioma de destino. Expresiones idiomáticas que reflejan las tradicionales prácticas culturales. (Estoy pensando, ahora, en el baww de la poesía árabe: la piel de un joven camello que proporciona un cruel consuelo a una camella que ha perdido a su cría. En la poesía árabe, los guerreros a menudo invocan el baww cuando se encuentran con escenas de gran destrucción. ¿ Cómo traducirías baww al inglés? ¿El consuelo de las camellas? ¿Piel amarga? Comunidad se refiere a lo que los pesimistas podrían llamar “irrecuperables” y a lo que muchos traductores relegan a esas notas al pie de página.

Ciertamente, algunos aspectos de la lengua y la cultura gaélica de Ossian no tenían una traducción directa al inglés. Pero, ¿qué pasaría si comunidad se refiriera no solo a las personas y relaciones que forman parte de una obra literaria, sino a los lectores locales que pueden avalar su autenticidad? Ese es un recurso del que casi siempre carece el idioma de destino: una audiencia receptiva. De hecho, una audiencia global nunca está garantizada y es casi siempre escéptica, tal y como claramente lo fueron un gran número de lectores de Macpherson.

Lo que nos lleva al problema de la originalidad. Los traductores literarios se enfrentan a un conflicto que se ilustra mejor con el doble significado de la palabra original, que se utiliza para describir tanto la lengua compartida en el origen de la vida comunitaria como las cualidades únicas de la voz de un autor individual. Cuando los hablantes nativos abordan un texto escrito en su idioma, pueden reconocerlo como único y como propio. Mientras tanto, los lectores no nativos ven algo muy diferente: un texto distinto y que es el producto de un contexto cultural totalmente diferente al de ellos.

Aunque la figura del hipster de Brooklyn nos aleja mucho de la teoría de la traducción, es acertada: ¿quién nombró a un novato de Portland, Oregón, como juez de la mejor sopa de pasta rellena de toda la ciudad?

Bienvenido a la máquina

¿Sigues buscando esa salida?

¡Únete al club! Incluso el mejor traductor tiene sus tics verbales, el filtro de su propia sintaxis, modismos y experiencia. Por lo general, hemos confiado en las evaluaciones de otros traductores para determinar si un texto traducido es auténtico. Las traducciones que llevan la impronta de muchos traductores en efecto brindan una sensación de seguridad.

¿El concepto de una traducción colectiva nos acercaría más a un auténtico texto traducido?

El texto más famoso traducido por la comunidad es, por desgracia, material de las leyendas. Para los traductores de la Septuaginta, la primera versión griega existente de la Biblia hebrea, las apuestas no podían ser más altas: tenían que demostrar que su traducción contenía solo la palabra de Dios, no las suyas. La historia cuenta que 72 eruditos judíos, seis de cada una de las doce tribus de Israel, llegaron de forma independiente a textos griegos idénticos. ¿Qué más pruebas podrías necesitar? La traducción se había llevado cabo con la bendición de Dios.

Para ser justos, dado que los académicos trabajaban aisladamente, estamos ante el producto literario de una comunión, en lugar de una comunidad en su sentido más estricto. Pero como un modelo de traducción basada en el consenso, el episodio brinda a los traductores y lectores algo por lo que esperar.

Si la Septuaginta fuera una especie de traducción ex machina, producto de la intervención divina, los métodos de traducción automática y colectiva podrían ser nuestra mejor oportunidad en un mundo secular.

Al analizar los cuerpos bilingües para determinar lo que una pluralidad de traductores humanos ha considerado equivalente en un número de pares de idiomas, la TA podría ofrecer a múltiples traductores la capacidad de hablar con una sola voz. Por ahora y por el futuro previsible, tal consenso está lejos de ser perfecto, pero quizás pueda perfeccionarse a medida que la tecnología continúa incorporando más y más textos.

Gracias, J-Mac

Verás como me arrojo entre millares;
¡Jubilando mi pecho de alborozo, entre el obscuro horror de la batalla!

Fingal: An Ancient Epic Poem, Libro I, traducción. James Macpherson

Volvamos a un personaje muy humano, James Macpherson, incapaz de generar consenso en su propia vida pero digno de redención más de doscientos años después. De hecho, a medida que la cuestión sobre su autenticidad perdía su ventaja personal y la obra perdía su audiencia global, la imagen de Macpherson se ha ido recuperando, al menos parcialmente. El alma de su obra ayuda a sofocar el derrotismo y las disculpas que tan a menudo caracterizan los estudios de traducción.

No hay segundas oportunidades, pero creo que hay una capacidad infinita para retraducir. Cuantos más traductores asuman el desafío, más nos acercaremos a una traducción basada en el consenso y precisa.

Si bien necesitamos una traducción literaria que sea respetuosa en cada etapa, las crisis de acceso e interés son igual de urgentes. No puede haber autenticidad sin una primera traducción. No deberíamos simplemente perdonar a James Macpherson. Deberíamos darle las gracias por empezar una conversación.

El autor te anima a leer las obras de Margaret M. Smith, Michael McCraith, Paul F. Moulton, James Porter y Robyn Creswell, sin las cuales este artículo no existiría.

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