¿Influyen los idiomas en la forma de pensar?

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Artwork by Bruno Silva

Pormpuraaw, Australia.

En el extremo occidental de Cape York, en el norte de Australia, viven los kuuk thaayorres, una pequeña comunidad aborigen cuya lengua posee un rasgo muy peculiar.

En vez de utilizar las palabras derecha, izquierda, delante y detrás para definir el espacio, como se hace en español, utilizan los puntos cardinales, es decir, norte, sur, este y oeste. Esto significa que, en la lengua kuuk thaayorre, puedes decir cosas como: «Disculpe, señor, muévase un poco hacia el norte-noroeste» o «No se asuste, pero tiene una araña venenosa en la pierna sureste».

Y pensar que cuando era niño tenía problemas para entender la diferencia entre izquierda y derecha… Es como si los kuuk thaayorres hubiesen nacido con una brújula interna. En cualquier momento del día o de la noche, saben exactamente dónde están. Pero ¿por qué? ¿Soy solo yo? ¿O tú tampoco sabes en todo momento dónde están el norte, el sur, el este y el oeste?

Bueno, según Lera Boroditsky, investigadora y profesora de Psicología de la Universidad de Stanford que estudió la lengua de la comunidad aborigen, «los hablantes de idiomas como el kuuk thaayorre tienen mucha más facilidad para orientarse y saber dónde están que los angloparlantes, incluso en lugares desconocidos o en el interior de edificios en los que nunca han estado antes.

Entonces, ¿cuál es el papel del idioma en todo esto? ¿Los kuuk thaayorres piensan de esa forma porque su lengua les obliga a hacerlo? ¿O existe alguna otra razón? ¿Influye realmente el idioma en nuestra forma de pensar?

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Un debate que ha caído en el descrédito

Para responder a estas preguntas, tenemos que retroceder un poco. La influencia del idioma en el pensamiento es un tema sobre el que se lleva debatiendo muchos años, desde que el antropólogo Benjamin Lee Whorf publicó un artículo en el año 1940 en el que sugería que nuestra lengua materna restringe nuestra capacidad de pensar.

Sin embargo, a pesar del prometedor comienzo, la teoría de Whorf se vino abajo cuando la gente se dio cuenta de que nunca había habido ninguna evidencia real que apoyara sus afirmaciones. Por lo tanto, no es de extrañar que, en las décadas posteriores, los estudios sobre la influencia de las lenguas en el pensamiento cayeran en el descrédito. El tema quedó prácticamente en el olvido hasta que, hace unos años, la comunidad científica recuperó las piezas de la teoría de Whorf y comenzó a estudiar si las lenguas influían realmente en nuestra forma de pensar.

Los resultados han sido bastante sorprendentes. De hecho, investigaciones recientes han revelado que, cuando aprendemos nuestra lengua materna, adquirimos ciertos hábitos de pensamiento, y esto condiciona nuestra experiencia de muchas maneras.

Los idiomas influyen en la forma en la que vemos el mundo

Según afirma Guy Deutscher (investigador de la Escuela de Idiomas, Lingüística y Cultura de la Universidad de Manchester) en un artículo del New York Times, una lengua no impide que sus hablantes piensen determinadas cosas, a diferencia de lo que Whorf sugirió inicialmente, pero sí condiciona la forma en la que se ve el mundo.

«El hecho de que las distintas lenguas influyan en nuestras mentes de diferentes maneras no se debe a lo que estas lenguas nos permiten pensar, sino a lo que habitualmente nos obligan a pensar».

Guy Deutscher, lingüista y autor de Through the Language Glass y The Unfolding of Language.

Volviendo a los kuuk thaayorres, no es que las personas de habla inglesa no puedan aprenderse los puntos cardinales, pero no tienen una brújula interna como los kuuk thaayorres. La razón por la que esto sucede es porque la lengua de los kuuk thaayorres les obliga a pensar en los puntos cardinales de forma habitual, y esto determina la forma en la que ven el mundo.

Pero, ¿significa esto que si aprendes kuuk thaayorre podrás pensar como ellos?

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¿Qué fue antes, el huevo o la gallina?

Según Lera Boroditsky, «cuando aprendes un nuevo idioma, no solo aprendes una nueva forma de hablar, sino que también aprendes sin darte cuenta una nueva forma de pensar». Está claro que no es lo mismo tu lengua materna que un segundo idioma, pero es interesante ver cómo podemos aprender nuevas formas de pensar con solo aprender un nuevo idioma.

Por ejemplo, en Stanford, Lera Boroditsky y su equipo enseñaron a angloparlantes diferentes maneras de hablar sobre el tiempo:

«En un estudio, se enseñó a personas de habla inglesa a utilizar metáforas de tamaño (como en el griego) para describir la duración (por ejemplo, una película es más grande que un estornudo) o metáforas verticales (como en el mandarín) para describir el orden de los acontecimientos (por ejemplo, el mes siguiente es el «mes de abajo» y el mes anterior es el «mes de arriba»). Una vez que los angloparlantes aprendieron a hablar sobre el tiempo de estas nuevas formas, su rendimiento cognitivo comenzó a parecerse al de los hablantes de griego o mandarín».

No obstante, estas preguntas en torno a la intersección de la lengua y el pensamiento están lejos de ser respondidas. Tal y como sugirió la doctora Betty Birner, profesora de Lingüística y Ciencia Cognitiva de la Northern Illinois University, esto puede verse como el dilema del huevo y la gallina: «¿Eres incapaz de pensar en cosas para las cuales no tienes palabras? ¿O te faltan palabras para ellas porque no piensas en ellas?».

Lo cierto es que no existe una respuesta sencilla a la pregunta de si el idioma influye en el pensamiento. Áun tenemos un largo camino por recorrer, pero, al menos, podemos dejar de fingir que todos pensamos lo mismo.

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