En 2013, un grupo de investigadores de la Universidad de Edimburgo publicó el mayor estudio que se ha hecho hasta la fecha sobre la correlación entre el bilingüismo y la progresión de la demencia y otras enfermedades cognitivas como el alzhéimer. Participaron 648 pacientes de Hyderabad, la capital del estado de Telangana, en la India. El telugu y el urdu son los idiomas predominantes en esa región, aunque el inglés también se utiliza habitualmente. La mayoría de los habitantes de Hyderabad son bilingües, 391 de los cuales participaron en este estudio. La conclusión fue que los pacientes bilingües habían desarrollado demencia, de media, cuatro años y medio más tarde que los monolingües, lo cual indica inequívocamente que el bilingüismo tiene una importante repercusión en las estructuras y procesos neurológicos.

Puede ser que dediquemos mucho tiempo y esfuerzo al aprendizaje de un segundo idioma (como cuando lo estudiamos en el colegio), pero, en algunos casos, ocurre de forma natural (si aprendemos francés cuando nos mudamos a París, por ejemplo). Entonces, ¿cómo puede ser que este proceso, independientemente de cómo se lleve a cabo, afecte tanto al cerebro?

Hasta la corteza izquierda y más allá

Hace mucho que se sabe que la capacidad de una persona para utilizar su idioma nativo reside en el hemisferio izquierdo del cerebro en más del 90 % de los casos. Las partes principales del cerebro involucradas en los procesos del lenguaje son el área de Broca, ubicada en el lóbulo frontal izquierdo, que es la responsable de la producción y articulación del habla, y el área de Wernicke, situada en el lóbulo temporal izquierdo y vinculada al desarrollo y la comprensión del lenguaje.

Sin embargo, el aprendizaje de idiomas es un procedimiento complejo que, según lo que los científicos han podido determinar, no se limita a ningún hemisferio del cerebro, sino que implica un intercambio de información entre los lados izquierdo y derecho. Algo que no resulta nada sorprendente si consideramos la gran cantidad de aspectos que están implicados en el aprendizaje de un idioma.

El profesor de Psicología y Lingüística de la Pennsylvania State University, el doctor Ping Li, explica que, para llegar a adquirir un conocimiento pleno de un idioma, es necesario recordar las palabras (léxico), aprender el sistema de sonido (fonología) y el de escritura (ortografía), familiarizarse con la gramática (sintaxis) e ir asimilando las formas sutiles de expresión (pragmática). Estos elementos lingüísticos son diferentes entre sí y requieren que se activen distintas partes del cerebro, incluidas las regiones corticales frontal y parietal, las regiones frontal y temporal, las regiones occipital y temporoparietal y las regiones frontal y subcortical. También está implicado en el proceso el cuerpo calloso, un haz de fibras de sustancia blanca que conecta los hemisferios izquierdo y derecho y permite la transferencia e integración de información entre ellos.

Pero la complejidad no se detiene aquí. La parte del cerebro donde los humanos almacenan un segundo idioma varía en función de la edad a la que lo aprenden. Un estudio realizado en el Memorial Sloan-Kettering Cancer Center de Nueva York con la ayuda de 12 voluntarios bilingües reveló que, cuando los niños aprendían un segundo idioma de pequeños, este se almacenaba junto a su idioma nativo, mientras que, en el caso de los estudiantes adultos, se guardaba en una zona diferente del cerebro. Esto sugiere que el cerebro aloja los idiomas en diferentes lugares en función de la edad a la que la persona los haya aprendido, lo que significa que las estructuras implicadas en el aprendizaje y el procesamiento de los idiomas no son fijas, sino que cambian y experimentan una adaptación cortical cuando se añade un nuevo idioma.

What happens to your brain when you learn a new language?

Un cambio positivo para el cerebro

El proceso de aprender algo nuevo tiene un efecto en el cerebro similar al que tiene el ejercicio en los músculos. Si los hacemos moverse, aumentan de tamaño y se hacen más fuertes. Lo mismo le sucede al cerebro. Al ponerlo en funcionamiento, hacemos que se modifique su estructura y, al mismo tiempo, que mejoren ciertas funciones. El aprendizaje de un idioma es un proceso muy complejo que hace que las regiones del cerebro involucradas mejoren. Esto se refleja en un aumento tanto de la sustancia blanca como de la gris (que contiene la mayor parte de las neuronas y sinapsis del cerebro) en dichas regiones.

Por ejemplo, varios estudios sugieren que la transferencia de datos entre los hemisferios izquierdo y derecho que ocurre durante el aprendizaje de un segundo idioma contribuye a que se produzca un aumento en el volumen de la sustancia blanca y en el número de fibras del cuerpo calloso, lo cual mejora la conectividad cortical.

A las personas que hablan más de un idioma les cuesta un esfuerzo imperceptible pasar de uno a otro. Al parecer, es este ejercicio mental el factor que desencadena el aumento del volumen de sustancia gris en otras regiones del cerebro. Una investigación posterior del doctor Ping Li muestra que la corteza cingulada anterior aumenta de tamaño debido al importante papel que desempeña al controlar qué idioma se está hablando y evitar que el (los) otro(s) idioma(s) interfieran en el habla.

También se han llevado a cabo investigaciones sobre este tema en el Center for the Study of Learning del Georgetown University Medical Center. Un equipo liderado por Guinevere Eden comparó el volumen de sustancia gris entre adultos bilingües y monolingües y pudo observar que había más sustancia gris en los cerebros de los individuos bilingües, específicamente en las regiones frontal y parietal del cerebro que participan en el control ejecutivo. Se han observado otras diferencias en la corteza prefrontal dorsolateral de los individuos bilingües. Esta es la región del cerebro que se encarga de «la función ejecutiva, la resolución de problemas y el cambio de una tarea o de un enfoque a otro, así como de filtrar la información irrelevante», como explicó Mia Nacamulli en una charla Ted-Ed sobre los beneficios del bilingüismo.

El cerebro es plástico, ¡qué fantástico!

Durante mucho tiempo, los científicos no creyeron que fuera posible que el cerebro cambiara a lo largo de la vida. La suposición general era que el cerebro se desarrollaba hasta un determinado momento, a partir del cual, el número de conexiones se mantenía fijo para, posteriormente, comenzar a reducirse. También se creía que el cerebro no se podía reparar tras haber sufrido una lesión. Sin embargo, estudios recientes han demostrado exactamente lo contrario, que el cerebro nunca deja de cambiar en respuesta a distintas experiencias.

Esto se explica mediante el concepto de neuroplasticidad. En neurociencia, «plástica» es la capacidad que tienen los materiales para cambiar y adoptar diferentes formas. Es la capacidad del cerebro para adaptar su estructura física y, de ese modo, reparar regiones dañadas, generar nuevas neuronas, reconfigurar regiones para que realicen tareas diferentes y crear redes neuronales que nos permitan recordar, sentir y soñar cosas. Es, además, lo que nos permite explicar cómo el cerebro es capaz de modificarse al aprender un segundo idioma.

La neuroplasticidad suele disminuir a medida que envejecemos, por lo que resulta más fácil para los niños que para los adultos adquirir fluidez en una segunda lengua. El cerebro infantil es más plástico, lo que lo hace más fácilmente adaptable y capaz de afrontar los desafíos que supone hablar dos idiomas, como el de tener que pasar de uno a otro en diferentes contextos. Esto no significa que los adultos no deban aprender nuevos idiomas, sino más bien lo contrario. Los beneficios asociados a los cambios cerebrales producidos por el aprendizaje también se han observado en bilingües secuenciales (personas que aprenden un segundo idioma en etapas posteriores de la vida).

Los cambios en el cerebro no se notan de la misma forma que otros cambios que se producen en el cuerpo, como los dolores del crecimiento, sino que se traducen en ventajas cognitivas. Aprender un segundo idioma es, como hemos dicho, un proceso complejo en el que participan y se ponen en funcionamiento distintas regiones cerebrales. Además, una vez que se dominan otros idiomas, pasar de uno a otro supone una mayor exigencia para el cerebro. Este tipo de gimnasia mental proporciona al cerebro mejores mecanismos de compensación. El centro de control ejecutivo del cerebro es quien gestiona este sistema de dos o más idiomas, así que, a medida que aprendemos a usar el idioma correcto en el momento adecuado, ejercitamos las regiones del cerebro responsables de la función ejecutiva mediante la neuroplasticidad.

Una función ejecutiva más desarrollada implica que, por lo general, las personas bilingües o plurilingües tienen una mayor facilidad para analizar el entorno, realizar varias tareas a la vez y resolver problemas. También está demostrado que tienen una mayor memoria funcional, incluso si la tarea en cuestión no está relacionada con el lenguaje. Sin embargo, el mayor beneficio es el aumento de la capacidad para hacer frente a enfermedades degenerativas como la demencia o el alzhéimer, como se ha demostrado en varios estudios similares al señalado al principio. Esto no significa que los cerebros de los bilingües no sean susceptibles a la degeneración cognitiva, sino que están mejor capacitados para afrontar el daño gracias a los mecanismos compensatorios que surgen al conocer y utilizar un segundo idioma.

What happens to your brain when you learn a new language?

El concepto de neuroplasticidad, así como su vinculación al aprendizaje de idiomas, ayuda a aclarar la evolución del cerebro humano a lo largo de la vida, pero, sobre todo, muestra que podemos controlar esa transformación, al menos hasta cierto punto. El problema es que, la mayoría de las veces, decidimos no hacerlo. Álvaro Pascual-Leone, neurólogo de la Harvard Medical School, lo expresa mejor:

Somos perezosos, no salimos de nuestra zona de confort, dejamos de aprender cosas nuevas. Lo cierto es que todo lo que hagas, desde las actividades hasta las relaciones o los pensamientos, termina penetrando en el cerebro y afectándole de algún modo. Pero podemos aprovechar esa propiedad del cerebro en nuestro beneficio.

Si tenemos en cuenta los resultados de las investigaciones, no se puede negar que el aprendizaje, sea cual sea el tema que escojamos, tiene profundos efectos positivos en nosotros que van más allá del de hacer parecer más atractivos nuestros CV durante una entrevista de trabajo. No sé tú, pero yo ya estoy desempolvando la aplicación de Duolingo.